“De Jerusalén a Manhattan”, de Jordi Planes Rovira & Goyo Martínez, Ed. Atlantis

“De Jerusalén a Manhattan”, de Jordi Planes Rovira & Goyo Martínez, Ed. Atlantis

El inicio de esta historia…

Es difícil explicar los hechos que inspiraron esta historia. La vida es un milagro y como tal, mágica. La magia no es una ilusión, responde a una actitud y el mundo es como un enorme aparador donde podemos observar cientos de actitudes y, con ellas, realidades que cristalizan y comprometen la vida de sus creadores. Consuela saber que en la vida todo sucede por algún motivo, aunque en muchas de las ocasiones no sepamos o no queramos verlo. Siempre ha sido así, y siempre así será.

Esta historia comienza donde la mayoría de las historias, en Nueva York, la ciudad que nunca duerme y que nunca se acaba. Una ciudad que nos muestra el latido de millones de seres humanos, venidos de todos los rincones del mundo, con una misma ilusión, con un mismo propósito: encontrar la felicidad. Nueva York, la metrópoli pensada cien veces como una catástrofe, y cincuenta veces como una hermosa catástrofe. Donde la creatividad no descansa, donde el esfuerzo tiene su premio, donde la voluntad del hombre está en su cielo.

Son las nueve de la noche. En Europa las tres de la madrugada, seis horas más, pero quizás de seis años antes. Se respira pasión y bullicio.

Manhattan es como una gran manzana que Adán muerde cada día.

Algunos van con más prisa que otros, quizá en busca de la calidez de la sonrisa de un rostro humano aún por hallar entre la multitud, un gesto de solidaridad en el barullo de cuerpos que se cruzan y tropiezan, de gente que busca su tren con una expresión de desvalimiento en el rostro y la torpeza de la urgencia en el cuerpo.

Cuatro músicos que llegaron a la ciudad sin más equipaje que sus instrumentos tocan en las mismas verjas del parque, y tocan canciones de amor.

Ningún otro escenario podría describir con tanto genio y belleza la gravedad y trascendencia de un acontecimiento llamado a cambiar el destino de la humanidad.

¡Nueva York!

¡Sublime deseo! ¡Eterno deseo!

El secreto mejor guardado porque todos lo conocen.

«El honor prohíbe acciones que la ley tolera»

Séneca.

…y continúa aquí.