Jose Manuel Muriel opina de Ediciones Atlantis

Jose Manuel Muriel opina de Ediciones Atlantis

Opinión José Manuel Muriel

(autor del libro “Pesadilas”)

Mi nombre es José Manuel Muriel, soy empresario y accionista único del grupo MV, formado por las siguientes empresas: Condepols, MV Gestion, MV Inversiones.

Desde hace 7 años estoy tratando de abrirme camino como escritor, tarea harto difícil, especialmente en los tiempos que vivimos, donde las nuevas tecnologías han afectado negativamente a sectores como la prensa escrita o al sector editorial. Mi actividad literaria donde ya tengo 10 libros publicados se reparte entre el género de libros de empresa/gestión y literatura de ficción.

Mi primera experiencia con ediciones Atlantis fue cuando les envié el original de mi libro PESADILLAS. No los conocía, ni ellos a mí, pero desde el primer momento me llamó la atención su diligencia y el trato con el autor. Sé que no son la editorial más grande, ni la más importante, ni la que tiene mejor distribución, ni la que más puede invertir en la promoción de los libros que editan, pero desde el primer contacto me han hecho sentir como si yo fuera un premio Nobel.

Te llaman continuamente, se involucran en ayudarte a promocionar tu obra, te ofrecen consejos, te presentan gente, te animan, te acompañan, te hacen pensar que realmente te has convertido en un escritor y para mí, en mis circunstancias personales, esto es lo mas importante: sentir que se preocupan de ti y de tu obra, ante todo.

Por ello, esta relación que se inició hace meses, es para mí tan importante y solo puedo decir que si la editorial Atlantis y su editor, Jota (J.D. Álvarez), no existieran, habría que inventarlos. Pero afortunadamente no es necesario, existen y están aquí para suerte de los autores que tenemos la oportunidad de trabajar con ellos.

Por eso solo puedo decir: GRACIAS

“MACHISMO, GÉRMEN DE VIOLENCIA (El machismo en el inconsciente colectivo), por Juan Sánchez Vallejo en Ediciones Atlantis

“MACHISMO, GÉRMEN DE VIOLENCIA (El machismo en el inconsciente colectivo), por Juan Sánchez Vallejo en Ediciones Atlantis

La violencia de género es sin lugar a dudas una de las lacras más abominables de la humanidad. Lo es en la actualidad, pero también lo ha venido siendo a lo largo y ancho de la historia, aunque sin más “datos estadísticos” que alguna que otra referencia explícita que a veces leemos en apolillados libros escritos mayormente por hombres, claro está.

El preámbulo necesario para la violencia de género es el machismo, no lo olvidemos. Digamos que el machismo viene a ser el sustrato ideológico sobre el que crecen estas actitudes violentas que acaban con la vida de mujeres… ¡y niños (tampoco lo olvidemos)!

¿Cuándo, dónde y por qué surgió el machismo? Son preguntas imposibles de contestar, pero desde tiempos bíblicos sabemos que existía -incluso estaba sacralizada- la poligamia (es decir, un hombre conviviendo con varias mujeres) pero, en cambio, era perseguida a sangre y fuego la poliandria (una mujer conviviendo con varios hombres).

Igualmente pienso que el feminismo ha existido desde que ha existido el machismo; digamos que ha sido y seguirá siendo la respuesta más lógica al machismo, o su consecuencia natural. La ideología machista –y su contrapunto, el feminismo- se ha venido reflejando no solo en la vida cotidiana sino en las artes, literatura y otras manifestaciones culturales o sociales a lo largo y ancho de nuestra historia. Tenemos sobrados ejemplos de ello, algunos tremendamente significativos e impactantes. Miren lo que escribía en pleno siglo inquisitorial, también llamado el Siglo de Oro de nuestra literatura, una feminista obviamente adelantada a su tiempo como lo fue Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695):

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis.

Si con ansias sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?……

……. Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos si os tratan mal,

burlándoos si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata

y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis

que con desigual nivel

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis…”

Lo realmente extraño es que esta poesía, de alto valor literario, fuera incluida en pleno franquismo entre LAS MIL MEJORES POESÍAS DE LA LENGUA CASTELLANA.

Por necesidades de espacio me veo obligado a limitar estos y otros trabajos de ilustres feministas, como lo fueron Carolina Coronado, Clara Campoamor, Gertrudis Gómez de Avellaneda, George Sand (se puso nombre masculino. En realidad se llamaba Amandine A. Dupin), y un largo etcétera de auténticas heroínas que se rebelaron contra la ideología machista.

Pero también les traigo ejemplos tragi-cómicos, realmente patéticos, de lo que fue y sigue representando el machismo en nuestro país. Les muestro un ejemplo que plasma como pocos la internalización mental en nuestra sociedad del machismo como ideología, que ha venido impregnando costumbres, cultura y conductas. Lean ustedes, no tiene pérdida:

No quiero en fea público cilicio

ni belleza sin par ni quita-sueño:

antes que necia, venga un maleficio,

y antes que docta, un toro jarameño.

Lejos de mí la que se incline al vicio;

lejos de mí, virtud de adusto ceño.

Yo busco una mujer boca de risa,

guardosa sin afán, franca sin tasa,

que al honesto festín vaya sin prisa,

y traiga entera su virtud y gasa.

No sepa si el sultán viste camisa

mas sepa repasar las que hay en casa….

.Dulcinea la busco, no Quijote;

no haga de gallo quien nació gallina.

Ponga el amor a sus vivezas dique,

sin que a fuerza de amor me crucifique…

Marimacho no luzca en un caballo

en su rollizo muslo pantalones;

de ningún tribunal me explique el fallo,

ni por solo intrigar suba escalones,

ni describir sus dedos críen callos…

¿De nada ha de hacer gala? -Sí: de juicio.

¿No ha de tomar noticias? – De sus eras.

¿Jamás ha de leer? – No por oficio.

¿No podrá disputar? – Nunca de veras.

¿No es virtud el valor? – En ellas, vicio.

¿Cuáles son sus faenas? – Las caseras

Que no hay manjar que cause más empacho

que mujer transformada en marimacho….”

Este poema titulado “Proclama de un solterón” es de un autor llamado José Vargas Ponce (1760-1821), que vivió sus mejores años en el llamado “Siglo de las Luces” (¡cómo serían las “oscuridades”!). Como verán ustedes es un auténtico canto al machismo ibérico en estado puro.

En cualquier caso ustedes pensarán que el machismo, precisamente por su componente injusto y reaccionario, ha de ir forzosamente desapareciendo de la faz de la tierra por pura inercia, porque sí, sin más. Grave error de percepción y de cálculo. Les vuelvo a poner otros gráficos ejemplos que demuestran justamente lo contrario, y que nos dicen que el machismo sigue muy vigente en el inconsciente colectivo de nuestros tiempos.

Y es que en las últimas décadas los contenidos culturales, emocionales y sociales siguen reflejando el sentir de la sociedad -supuestamente moderna- hacia esta ideología.

No me puedo olvidar de un cuplé que popularizó en España la excelente artista Sara Montiel, aunque quiero dejar claro que la citada persona fue una adelantada a su época en muchos aspectos relacionados con la ruptura de moldes machistas que atenazaban (y siguen atenazando) a la mujer. El cuplé de marras dice así:

Cuando le vi

yo me dije para mí: es mi hombre.

Solo vivo por él

mientras quiera serme fiel, ese hombre.

No puedo pasar

una noche sin pensar, en mi hombre.

Y le doy cuanto soy,

lo que tengo se lo doy, a mi hombre.

Y así estoy, es un macró, un gigolo

pero no importa porque así le quiero yo.

Cualquier día por Pigale, para mi mal

otra vez le perderé, luego… no sé

ni lo que va a ser de mí, porque le quiero.

Solo tengo corazón, para monhomme.

si me pega me da igual, es natural

que me tenga siempre así

porque así le quiero.

Ya no tengo corazón.

Aunque este cuplé lo popularizó Sara Montiel, su autor creo que era inglés (o francés, no estoy muy seguro). También en Francia tuvo mucho eco esta canción, titulada allí “Monhomme”.

Como ven ustedes se trata de una letra descarnada en la que la propia mujer, abducida por su pasión amorosa, acaba exclamando aquello de “si me pega me da igual”, rematando su locura masoquista con eso de ¡…es natural! ¡Vamos, lo esperable al parecer en una relación de pareja!

Y, a día de hoy, el machismo sigue haciendo estragos a pesar de la fuerza con que van emergiendo movimientos sociales que reclaman con toda justicia la igualdad de la mujer. Con razón el gran humanista Erich Fromm afirmaba que “nuestra sociedad contemporánea se podría decir que vive técnicamente en la era atómica, pero emocionalmente en la edad de piedra”.¿Cómo se entiende si no que haga furor ese libro de la italiana Constanza Miriano, que acaba de editarse y ya está consiguiendo records de ventas, titulado “Cásate y sé sumisa”? Un libro éste en el que ya el título sugiere de qué va la cosa. Por cierto, a algunos obispos españoles les ha faltado tiempo para “bendecirlo” e integrarlo en sus pliegues ideológicos, para consolidar aún más esa visión que tienen los sectores más reaccionarios de la Iglesia Católica del rol de la mujer en la vida humana, a saber: sumisión absoluta al hombre. Sin duda alguna este asunto de la liberación de la mujer va a ser uno de los más complicados de abordar por el papa Francisco, en su admirable afán de modernizar y adecuar a los tiempos los mensajes y propuestas de la Iglesia Católica en estas materias sociales.

El libro de esta italiana contiene reflexiones que alimentan ¡y de qué manera! la prepotencia machista. Algunas de estas reflexiones podrían pasar a la historia dentro de la antología del disparate. Vean ustedes:

No somos iguales a los hombres; no reconocerlo solo trae sufrimiento”.

El feminismo fue una primavera; tomó el camino equivocado”.

La mujer lleva la obediencia en su interior”.

Cuando tu marido te dice algo le debes escuchar como si fuera Dios el que te habla”.

Tu marido es un santo que te soporta a pesar de todo. Si algo de él no te parece bien, con quien tienes que hablar es con Dios”.

Echo de menos aquellos tiempos en que los maridos aparecían solamente a la hora justa, preguntando ¿qué hay de comer?”.

Estos contenidos se agravan por la circunstancia de ser una mujer quien lo escribe. Un servidor podría estar escribiendo cosas acerca de estas majaderías reaccionarias “hasta el amanecer”, pero creo que no hace falta; el contenido machista que encierran es bien evidente.

Lamentablemente “el efecto machista” no se queda solo en actitudes, comentarios y escritos más o menos pintorescos o ridículos. El título que he puesto a este breve trabajo, “MACHISMO, GERMEN DE VIOLENCIA”, lo he pensado a conciencia, porque, en efecto, el machismo convierte al hombre en un inmisericorde amo que pretende esclavizar a la mujer, hasta convertirla en un objeto con el que puede hacer lo que le venga en gana, y de aquí a la agresión (incluido el asesinato) cuando ese “objeto” ya no sirve y no se adecúa a sus expectativas hay solo un paso; un paso más tenue de lo que se pudiera pensar. De modo que esos hombres que llevan impreso o internalizado aquello tan terrible de la maté porque era mía, actúan movidos por esa necesidad enfermiza de adueñarse de la mujer en vez de compartir con ella. Quieren ser sus amos, no sus compañeros; quieren vencer, no amar.

Los resultados más alarmantes y dramáticos de todo esto que digo son los que nos traen los medios de comunicación año tras año, cuando hacen el “suma y sigue” de los resultados de la violencia de género (o “violencia doméstica” según lo expresan otros). No hay año en que no haya solo en Euskadi ¡4.000 denuncias por violencia de género! Y en el Estado español cuando menos entre 50-60 asesinatos de mujeres cada año (700 en los diez últimos años, según recientes datos) a manos de sus compañeros o maridos. A esta cifra trágica hay que añadir la de los niños que mueren en este contexto de la llamada violencia de género. Durante 2013 han sido cinco menores las víctimas inocentes de estos bárbaros que, no satisfechos con violentar y agredir a sus compañeras, matan a criaturas en su sádico intento de hacer el mayor daño posible a éstas mujeres ¡y a fe que lo consiguen!

Estos bárbaros malvados son los responsables directos de estos crímenes, siendo castigados con las sanciones que contempla la ley, obviamente. Pero hay otros responsables: existen también responsabilidades políticas e ideológicas en manos de aquellos que ostentan cargos públicos y/o políticos y que proponen (o dejan de proponer) iniciativas que atañen a la igualdad de la mujer en derechos y obligaciones, y que han de mirar con lupa todas aquellas disposiciones (leyes, decretos, reglamentos) que, por acción u omisión, pudieran menoscabar la igualdad de géneros. ¿Por qué aún persisten circunstancias laborales que consienten peor salario para el mismo trabajo cuando se es mujer? ¿Por qué, en pleno siglo XXI, hay sociedades en Euskadi que no permiten la entrada a mujeres?

Podría seguir con más ejemplos discriminatorios, pero ahora deseo mejor tocar “el ejemplo de los ejemplos” y que está de rabiosa actualidad: el Anteproyecto de Ley del Aborto, popularmente conocida como “Ley Gallardón”, que vuelve a tratar a las mujeres como seres inferiores en lo referente a sus derechos básicos y capacidad de decisión. Una ley que, además, impregna de rancia moralina todo el asunto del sexo por aquello de “la que lo hace que pague las consecuencias”.

Me pregunto hasta cuándo estarán los derechos de la mujer pendientes de la moralina de los obispos y determinados gobernantes.

Por fortuna, y dentro de lo que estamos sufriendo con esta crisis, no deja de ser un enorme consuelo comprobar el coraje con que nuestra sociedad está respondiendo a los intentos de retroceder a las cavernas reaccionarias franquistas, aunque de vez en cuando algunos políticos nos sorprendan con actuaciones y declaraciones deplorables de corte machista que ponen la carne de gallina y causan sonrojo: no hace mucho el alcalde de una importante ciudad castellana (creo que era Valladolid) decía de una Ministra de Sanidad lo siguiente: “es una chica preparadísima, hábil y discreta; va repartiendo condones a diestro y siniestro y va a ser la alegría de la huerta. Vamos, que cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir…”¡Ahí queda eso!

No contento con esto, el mismo alcalde decía de Carme Chacón (a la sazón Ministra del Ejército): “es una señorita Pepis vestida de soldado” ¡Toma ya! Pero el alcalde prosigue con más disparates. Vean la joya que exhibe cuando un periodista le pregunta sobre las políticas de igualdad de la mujer: “no creo en las paridades; me parecen paridas” ¡Qué imaginativo, oiga!

Pues si esto es lo que piensan nuestros recios y viriles gobernantes sobre la mujer, andamos listos.

En fin, prefiero pensar en clave optimista y entender que estos zoquetes están en vías de extinción.

¡Que así sea!

Feria del Libro de Madrid: Ediciones Atlantis

Feria del Libro de Madrid: Ediciones Atlantis en la Caseta 358 de Librería Salamanca.

A continuación te mostramos el horario donde los escritores que han publicado con Ediciones Atlantis firmarán sus obras. Será en el Parque del Retiro.

 

 

Viernes 27 de mayo de 2016
18:00 – 19:30 Santiago Solano Grande EL YO DIGITAL DE ELÍAS QUIMEY Y OTRAS HISTORIAS INVEROSÍMILES
Carmen García-Comendador LADRONES DE ARENA
19:30 – 21:00 Carmen Fabre PEQUEÑOS GIGANTES
David Gutiérrez García HABITANTES
Sábado 28 de mayo de 2016
11:00 – 12:30 F. J. Alonso Holguín SENDA DE LEALTAD
Gabriel Monte Vado EN LA BOCA DEL LEÓN
12:30 – 14:30 Luis Eduardo Aute EL CIELO EN TUS MANOS VOL 1 / POESÍA AMIGA Y OTROS POEMIGAS PARA AUTE
José Cabrera EL CIELO EN TUS MANOS VOL. 1 / ÉBOLA / COLECCIÓN CSI
18:00 – 19:30 Manolo Royo LO MÁS TUIT
David Gutiérrez TU COLOR
19:30 – 21:00 Ignacio Martín Sequeros PEKENIKES. SU AUTÉNTICA HISTORIA
Félix Arribas VIDA GRIS
Domingo 29 de mayo de 2016
11:30 – 13:00 Manena Munar SOL DE INVIERNO
13:00 – 14:30 Antonio Castillo CERCLE. LAS PUERTAS DE TOLEDO
18:00 – 19:30 Mamen Gargallo Guil ENCRUCIJADAS
J. M. Rodríguez UN PROFUNDO TRANCE
19:30 – 21:00 Miguel Ángel Garcimartín LA VERDADERA Y FATAL HISTORIA DE LA FAMILIA URRETA
Iván Albarracín LAS CRÓNICAS DE LA CIUDAD EN LLAMAS I: EL UNIVERSO DORMIDO
Martes, 31 de mayo de 2016
19:00 – 21:00 Mónica Gallego Hernando COSAS DE LA VIDA / SÍMBOLOS Y MUERTES OCULTAS
Carmen Murguía EL CÍRCULO SAGRADO
Miércoles, 1 de junio de 2016
18:00 – 19:30 Daniel López-Serrano RELATOS DE LA GRAN GUERRA
19:30 – 21:00 Álvaro Moreno Setién ADVENIMIENTO
Eugenio Piñeiro Mejuto EL HERALDO DEL CAOS
Jueves, 2 de junio de 2016
18:00 – 19:30 Elías Fernández Jaime LA HORA DE LAS SONÁMBULAS
19:30 – 21:00 José Luis Varea Serrano PROYECTO VERDAD. REVELACIÓN
Sandra Barroso ESTIRPE. EL NACIMIENTO DE EVA
Viernes, 3 de junio de 2016
12:00 – 14:00 Mara Nefill EL CORAZÓN DE LAS LUCIÉRNAGAS
18:00 – 19:30 Julio Ruiz Melero CUANDO LOS REYES MIRABAN AL MAR
Juan José Calvo de Miguel TRAS LAS PUERTAS DEL CIELO
19:30 – 21:00 Ernesto Goñi Montero ANTES DE QUE EL SOL SE APAGUE
Ana Díaz Álvarez LEYENDAS DE ELVIA. EXPEDIENTE CORSO
Domingo, 5 Junio de 2016
11:00 – 12:30 José Urruchi Ortiz LA ESTELA DE MI VIDA
12:30 – 14:30 David Gutiérrez TU COLOR
Pablo García Barberá LA FLOR DE NÎSSER: UN BRAVO Y UN SOÑADOR
18:00   – 19:30 Leticia S. Murga y Elsa Lacruz LA FORJA DE LA PROFECÍA
Carmen Baena EL CIELO EN TUS MANOS VOL. 1
19:30 – 21:00 Carlos Cué UNA LUZ DEL MÁS ALLÁ
Martes, 7 Junio de 2016
19:00 – 21:00 Ana Enríquez TÚ ESTARÁS CONMIGO
Prudencio Salces BARCELONA JOYCE
Miércoles, 8 Junio de 2016
19:00 – 21:00 Esther Chinarro NOMBRES DE MUJER
Emy Lázaro BREVERÍAS
Jueves, 9 Junio de 2016
18:00 – 19:30 Ana Chacón GERLUNI
Sofía Meler TRAS LAS HUELLAS DEL VOYNICH
19:30 – 21:00 Manuel Caldas Castro y Marta Santos García SCOTTY HAGGIS: EN LOS JUEGOS DE RÍO DE JANEIRO
Viernes, 10 Junio de 2016
11:30 – 13:00 Alejandro Ruiz Lara GÉNESIS Y LAS CINCO ARCAS
13:00 – 14:30 Andrés Vázque Mariscal EL REY HECHIZADO
18:00 – 19:30 Ramón Aguirre EL PUEBLO DE NILYAÉ
Isaías Ayuso Reyeros 18’. LA HISTORIA OCULTA DEL BUQUE LUSITANIA
19:30 – 21:00 Luis Prados de la Plaza LA GLORIA DE LA LITERATURA SE PASEA POR MADRID
Francisco Po Egea TRAS LA ESTELA DE LAS MONTAÑAS VOLADORAS
Sábado, 11 Junio de 2016
12:00 – 14:00 Manolo Royo LO MÁS TUIT
José Ramón Vera Torres AUTOCOMPASIÓN DE UN TONTO CON SUERTE
18:00 – 19.30 Javier Espinosa LA PUERTA DE PETER PAN
19.30 – 21:00 César de la Lama PERSONAJES QUE HACEN ÉPOCA
J.D. Álvarez CRÓNICAS DE UN PADRE PRIMERIZO
Domingo, 12 Junio de 2016
17:30 – 19:30 Luis Eduardo Aute EL CIELO EN TUS MANOS VOL 1 / POESÍA AMIGA Y OTROS POEMIGAS PARA AUTE
19:30 – 21:00 Pablo Mellado PROHIBIDO PREGUNTAR
Manuel Fernando Estévez Goytre LA SANGRE SOBRE LAS AZUCENAS

Maite Ripoll entrevistada “La Magia de las Palabras” en Ediciones Atlantis

Maite Ripoll entrevistada “La Magia de las Palabras” en Ediciones Atlantis

 

Aquí puedes oír la cariñosa entrevista a una de nuestras autoras. Maite Ripoll

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Una literatura distinta, llena de emoción e imaginación. influencias astrales de la nueva era, que obran sobre campos energéticos, creando un nivel superior de conciencia.

Ella y Ediciones Atlantis basaron su contrato en la confianza mutua. De los vaivenes que da la vida, se encontraron ambos y decidieron colaborar cada uno en su medida: escritor y editor.

Ediciones Atlantis confía en los proyectos de autores noveles de calidad para aportar nuevos títulos a la literatura contemporánea. Hoy os presentamos a Maite Ripoll “Nashua (Un mensaje del futuro)”.

Opiniones Atlantis: la fuerza de una buena crítica

Opiniones Atlantis: la fuerza de una buena crítica Ediciones Atlantis

Una buena crítica supone algo indispensable para cualquier autor y novela. También lo es para una editorial. Los escritores que han confiado en Ediciones Atlantis para publicar sus obras coinciden en la gran profesionalidad de esta empresa. Algunos de ellos experimentaron por primera vez el trabajo de la edición y otros ya son autores consagrados. En todos ellos es común la evaluación de Ediciones Atlantis como una editorial de primera magnitud. No importa el trabajo a desarrollar (desde artículos hasta noticias, presentaciones, antologías, obras literarias…) el resultado y las opiniones Atlantis son las mismas: se trata de una editorial altamente recomendable.

Algunas personas han calificado a esta editorial como “La voz de las nuevas promesas”, y no les falta razón. No son pocos los escritores amateur que comenzaron escribiendo ediciones Atlantis y hoy día algunos son reconocidos en el panorama nacional de la literatura. Por citar a alguien podríamos mencionar a la autora Francesca Valentincic, que ha manifestado públicamente su agradecimiento a la editorial por contribuir al afianzamiento de sus obras.

El escritor Antonio Castillo valora de una manera enormemente positiva a Ediciones Atlantis. Lo hace de manera honesta, sabiendo de la importancia y la fuerza de una buena crítica. “Para mí no hay otra. Conocí la empresa en el año 2004 o 2005, cuando andaba buscando editor para mi primera novela, y aunque probé con otras editoriales, para mi esta es la mejor de todas”, dice el autor. Comenta, además, el trato personalizado y la sensibilidad artística que reflejan todos los trabajadores de Ediciones Castillo. “Aparte de la amabilidad del editor, JD Alvárez, es de destacar el espíritu creativo de todo el equipo”, dice.

Las favorables opiniones Atlantis son repetidas. La editorial se define por su independencia, algo muy complicado en este sector, tan estructurado y jerárquico. La piedra filosofal de la empresa es la confianza en el talento de los escritores, de modo que si una obra es buena se aportarán todos los elementos necesarios para que llegue al público en las mejores condiciones de edición y distribución.

Ediciones Atlantis se encuentra en expansión y es gracias a las propias críticas de sus clientes. Así, ha logrado reunir un catálogo con más de mil títulos, entre novela y relato corto. “Publicar con Ediciones Atlantis ha sido una experiencia estupendántica”, comenta la escritora Saray Santiago Fernández, que comenzó de manera humilde en esta editorial y hoy ya ha alcanzado grandes cuotas en el sector de la literatura.

Editorial de escritores noveles: Descubre tu pasión en Ediciones Atlantis

Editorial de escritores noveles: Descubre tu pasión en Ediciones Atlantis

Porque escribir es para que te lean, la editorial Ediciones Atlantis te lo pone fácil y te ayuda a publicar y ver tu sueño realizado. Somos la Editorial de escritores noveles, trabajamos para ayudarte a que descubras y extiendas tu pasión por la escritura y la literatura.

¿Estás cansado de no obtener ninguna respuesta a los correos y llamadas que envías a las editoriales grandes y corporativas? ¿Acaso crees que en este país no se reconoce el talento sino tan solo la imagen y lo comercial? ¿No sabes cómo publicar ni sabes cuáles son los pasos que se han de dar en el proceso de edición de un libro? ¿Has escrito una novela o un libro de relatos? ¿Te gustaría que te leyesen? ¿Piensas que escribir es compartir y que publicar es llegar a más gente y más lejos con tu pasión? En ese caso, ven con nosotros, escríbenos y te enseñaremos, te explicaremos, te leeremos, te apoyaremos, te acompañaremos y, si nos gusta tu obra, te publicaremos gratuitamente y haremos todo lo que esté en nuestras manos porque tu libro y tú lleguéis lejos y al máximo número de gente posible, porque cuando apostamos por un autor o un libro, ponemos toda nuestra pasión al servicio de la literatura.

En la página web creada por nuestros autores (cuyo enlace es el siguiente: www.escritoresatlantis.com) podrás encontrar testimonios de autores y lectores agradecidos por nuestra labor, así como mucha más información de nuestras publicaciones, de las obras que hemos sacado a la luz, las presentaciones que hacemos y celebramos por toda la geografía de nuestro país con ganas, ilusión y éxito, las ferias en las que participamos (y en las que, si quieres trabajar con nosotros, ¡también tú podrás participar!) y muchas otras cosas que podrás descubrir siguiendo el enlace por ti mismo.

No dudes en escribirnos, mandarnos una muestra de tu obra o el libro al completo. Estaremos encantados de ayudarte, leerte, aconsejarte y nos comprometemos a darte siempre una respuesta lo antes posible y sin compromiso.

Saray Santiago Fernández: “Publicar con Ediciones Atlantis ha sido una experiencia estupendástica”

Saray Santiago Fernández: “Publicar con Ediciones Atlantis ha sido una experiencia estupendástica”

 

Cuando empecé mi andadura como escritora, jamás llegué a imaginar todo lo que iba a conseguir. Nunca pensé que mi historia, que mi pequeño bebé, iba a salir de mi ordenador e iba a estar en las estanterías de las librerías. Sin embargo, y ante las insistencias de mis amigos y conocidos, decidí mandarlo a las editoriales con la firme creencia de que no me iban a contestar.

Cuál fue mi sorpresa al recibir ofertas positivas para publicarla. Las estudié, medité, me informé…. Ediciones Atlantis era una de ellas. Encontré cosas muy buenas de la editorial, pero también encontré cosas malas. ¿Cómo me decidí? Muy sencillo: En uno de esos blogs, vi una respuesta del editor. Clara, concisa y directa. Recuerdo que pensé, no debe ser todo tan malo cuando el propio editor da la cara, diciendo la verdad. Así que acepté su propuesta y no me arrepiento en absoluto. Fue mi mejor decisión.

Saray Santiago
Publicar con Ediciones Atlantis ha sido una experiencia estupendástica, como suelo decir yo. Su trato conmigo ha sido, y es, exquisito. Siempre atentos a lo que necesito. Dispuestos a ayudarme y a guiarme en todos mis proyectos. Cercanos, así es como los siento. Cualquier duda, cualquier cosa que necesito, ahí está mi editorial para ayudarme. Estoy muy contenta con el resultado y sobre todo, feliz de formar parte de esta gran familia.

Tanto es así, que repito, y publico mi nueva obra con ellos, a pesar de haber recibido ofertas de otras editoriales más grandes. Me siento valorada y escuchada, y eso, en este mundo tan difícil, es un tesoro.

Todos los que forman la editorial: el editor, coordinación editorial, prensa, administración…. Siempre están ahí para nosotros.

Siempre digo lo mismo, pero porque es cierto. Ediciones Atlantis es una gran editorial que cuida de sus escritores.

Hay que tener presente, algo que no todos comprenden, que al fin y al cabo son una empresa y como tal, los beneficios son muy importantes. Sin ellos, Jota y el resto del equipo no podrían hacer lo que hacen.

Pero no podemos publicar y pensar que nuestro libro se va a vender solo porque somos los mejores del mundo, nada más lejos de la verdad. Contar con el respaldo de una editorial como Ediciones Atlantis es muy importante, pero no podemos dejárselo todo a ellos y luego enfadarnos porque no se cumplen nuestras expectativas.

Esto es cosa de todos. Nadie va a venir a comprarte el libro si estás sentado en el sofá, por muy bueno que sea. Hay que moverse, darse a conocer… Todo lo que nosotros podamos hacer por nuestra obra es tan importante como lo que haga la editorial, y me consta que lo hacen. Pero somos muchos y sé que aunque a Jota le encantaría tener tiempo para todos nosotros, es imposible. Así que, nosotros tenemos que trabajar mano a mano con ellos, y de esta manera, conseguir lo que buscamos los escritores: ser leídos.

Un escritor que publica para hacerse rico, claramente se ha equivocado de profesión. Nuestra meta ha de ser llegar a los lectores, y con nuestro esfuerzo y Ediciones Atlantis, es posible.

La opinión de Ramón Valls Bausá: “Se puede contar con el editor y todo el equipo de Ediciones Atlantis”

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La opinión de Ramón Valls Bausá: “Se puede contar con el editor y todo el equipo de Ediciones Atlantis”

 

Con toda seguridad que mi opinión sobre Ediciones Atlantis va ligada a mi relación con José Domingo Álvarez —en adelante y como le gusta llamarse, J.—, que, como veréis, es algo así como una relación turbulenta en la que, agraciadamente, por mucho que discutamos apasionadamente, nos apreciamos y respetamos y, aún más, nos auxiliamos, ya veréis más adelante cómo.

En primer lugar debo confesar, mejor diré la verdad, informar, ya que es fácil constatarlo en la web de la editorial, que Ediciones Atlantis tiene publicadas seis de mis siete novelas que han pasado o que hay actualmente en el mercado. Aclaremos en este punto que, por los libros vendidos, que son escasos para mi gusto —supongo que a todos los autores les pasa lo mismo—, deben de conocerme no demasiados lectores. Lo que no me desanima, ni mucho menos, pero que sí es relevante para una editorial, ya que viven precisamente de vender libros. Lo que estoy diciendo no es que soy un mal negocio para una editorial, sino un negocio justo, dejémoslo ahí. Dicho esto quede claro que aunque sea el ejemplo de la mayoría de autores editados por Ediciones Atlantis y otros muchos miles editados por otras editoriales, no soy perfectamente desconocido, ya que hay quien se molesta en escribirme para ponerme a caldo y también, para felicitarme, lo que anima mi espíritu.
Pero volvamos a Jota y a mí. Se preguntarán por qué Jota me ha publicado seis novelas y me ha permitido participar en diversas antologías, soportando, en alguna ocasión, discusiones con un servidor que bien merecían me enviaran a paseo a recoger pepino o cocinar berenjenas, aunque quizás él deba aceptar que también existen ocasiones para lo recíproco, que seguro que una tortilla a la francesa sabe hacer. Pues bien, yo creo que lo primero que tenemos que considerar es que él es consciente de las neurosis de los autores por ser, él, autor también. Esa faceta hace que nos entienda aunque no le entendamos a él, ya que no somos editores y no acabamos de asimilar las razones por las que nuestras novelas no aparecen entre las más vendidas, echándole la culpa de nuestros males, siendo las razones obvias, al menos en mi caso. Ni soy mediático, ni me prodigo en lugares que me promocionen, ni tengo potencial económico para una campaña de márquetin, aunque estoy seguro de escribir bastante decentemente. Vamos, que soy una rata de laboratorio de las que gustan de esconderse para hacer aquello con lo que son felices, escribir para estar cada día en esa carrera constante, y que espero que nunca acabe, de alcanzar una buena prosa dentro de unos planteamientos entretenidos y reflexivos que atrapen a los lectores.

Sé de sobra que Jota, con todos sus defectos —no es perfecto, ni mucho menos—, tuvo atenciones hacia mí. Sé de sobras que hasta en su premio literario, del que fui tres veces finalista por méritos propios —quiero creer—, me manifestó su pena por no haberlo alcanzado. Sé de todos sus problemas humanos y sus inquietudes profesionales. Por último sé que dentro de sus posibilidades y contando con las broncas telefónicas o por e-mail que le he regalado, puedo contar con él.

Y ahí radica la gracia de Jota y, consecuentemente, de Ediciones Atlantis. Que se puede contar con él y todo el equipo. Quizás es por lo que desde el modesto programa de radio que emito desde la emisora local del pueblo que resido, suelo presentar preferentemente autores de Ediciones Atlantis.

Y es que, es justo reconocerlo, Jota me brindó la primera oportunidad de que una historia escrita por mí saliera de mi cajón y llegara a los lectores. Recuerdo aún aquella presentación en la desaparecida librería Catalonia de Barcelona, con un vinito y frutos secos. No lloré, pero poco me faltó. Solo por eso ya le debo casi todo, ya que lo más importante para quien quiere ser escritor es alcanzar ese mundo de la narrativa, en la que entré con mis defectos y virtudes, lo que se hace con la primera publicación y, con suerte, las sucesivas. Hasta cinco más con Jota y Ediciones Atlantis son suficientes razones para no solo estarle agradecido, sino algo más MAYÚSCULO que eso.

Eso sí. Os aseguro que, a pesar de mi agradecimiento, seguiré enviándole a pastar al prado ese en
muchas ocasiones mientras le doy un abrazo en el que fundimos nuestras almas.

Gracias, J., por ser quien me brindó esa primera oportunidad tan difícil de conseguir.

“Catalonia Paradis”, de José Vaccaro, publicado por Ediciones Atlantis

Este es el comienzo de “Catalonia Paradis”, de José Vaccaro, en Ediciones Atlantis.

 

Catalonia Paradís

José Vaccaro Ruiz

Los hechos, personajes y situaciones de Catalonia Paradís son fruto de la imaginación del autor. Lo que éste no puede afirmar ni negar es que cualquier parecido con la realidad sea o no pura coincidencia.

Prólogo

Siempre resulta arriesgado encargar a un psiquiatra una introducción o un prólogo, y el riesgo nace de la “manía” o también llamada “deformación profesional” de estos sujetos por desentrañar los intríngulis psíquicos de aquello que prologan, de buscar los fantasmas inconscientes que siempre yacen tras las conductas humanas, y cómo no tras las palabras escritas como representación éstas últimas de la personalidad del autor.

Pero el que así arriesga, ya sea autor o editor, demuestra su valentía, y en cierto modo se desnuda para ofrecer con sinceridad una obra y el esfuerzo que ésta siempre comporta.

En este caso de CATALONIA PARADIS el riesgo es además doble, y tiene dos direcciones, ya que por una lado estamos ante una novela negra con contenido político criminológico, y un fundamento basado en la consabida “corrupción urbanística”, y por otro el autor que es un profesional de calado en la materia que la novela expresa, un arquitecto y abogado, ahí es nada.

Pero por añadidura el riesgo se vuelve además contra el prologuista ya que no es conocedor de las “bambalinas” de los asuntos de recalificaciones y otras “menudencias” de tipo urbanístico, a pesar de lo cual confiesa subyugado por la lectura de la novela el ardor y rotundidad de la misma.

Estamos en CATALONIA PARADIS ante el abismo del alma humana cuando se enfrenta a los intereses “terrenales”, cuando chocan las ideas y los ideales con la cruda realidad, estamos pues ante el eterno tópico de ¿cuál es el precio en que cada uno se valora a sí mismo?.

La novela, tejida en un lenguaje llano, pero denso, fácil pero técnico, y psicológico hasta el detalle, saca a la luz las oscuridades de los intereses del capital frente a cualquier otra consideración, desgrana las bajezas de los que gobiernan y deciden, disecciona con maestría y franqueza el “gran teatro socio-político” en el que se mueven todas las decisiones y al final coloca al “poder” en el lugar que le corresponde, las sombras.

El amigo Vaccaro con el conocimiento largo y tendido del mundo urbano, de la gestión, y de las leyes que nacen y mueren a conveniencia de unos pocos, ha sabido entregarnos a manera de un test proyectivo de su personalidad lo que debe ser el fiel reflejo del mundo de la política y los intereses comerciales, tras los cuales, como no podía ser de otra manera siempre hay personas.

En CATALONIA PARADIS además tenemos un amplio muestrario de seres humanos con sus luces y sus sombras, y tras cada diálogo se retrata una conducta, unos anhelos, y por así decirlo un deseo en el fondo de encontrar una verdad a la que agarrarse y dar sentido a la vida. Y es que la vida no se debe vivir sin un sentido o soportando una presión moral más allá de lo razonable.

Carles Granell no pudo más, y a pesar de tener un buen corazón, una gran inteligencia y unos principios morales notables para estos tiempos, finalizó su vida por la vía rápida ante demasiado peso sobre sus hombros, y en la carta que dejó a su mujer hizo el descargo de conciencia que necesitaba dando así al principio de una cadena apasionante de movimientos que la novela desgrana de manera meticulosa y que impiden coger siquiera el aliento hasta llegar al final.

Para un psiquiatra y forense como un servidor ha sido un placer leer un relato tan bien construido y con tanto fundamento moral como CATALONIA PARADIS, ahora bien un consejo: Prohibir su lectura a los políticos, por peligro de muerte psíquica.

PRIMERA PARTE

1

Carles Granell i Sobrevíes, director de urbanismo de la Generalitat de Catalunya desde hacía seis años, levantó su Parker de la hoja escrita y releyó atentamente aquellas manchas de negro sobre blanco, que debían ser el último testimonio de su paso por este mundo. Solamente añadió una coma, lo firmó y lo introdujo en un sobre con indicación del destinatario: «Para Marta». El texto lo tenía decidido y memorizado desde hacía días, por eso le fue posible escribirlo de corrido. Era un mensaje de despedida corto y preciso, propio de su estilo, en él pretendió resumir el cariño que le significaba su mujer y al tiempo, pedirle perdón por haber edificado aquellos más de treinta años de convivencia sobre una simulación y una mentira.

Se levantó, dejó el sobre cerrado encima de una de las dos banquetas del recibidor de su antiguo despacho profesional, para que quien entrara lo viera inmediatamente, y regresó al taburete colocado frente a su mesa de dibujo, en la cabecera de la hoy desierta sala de delineantes. Allí, donde tiempo atrás había desarrollado su trabajo de arquitecto liberal, ahora, de vez en cuando, acudía a lamerse las heridas que la vida y su labor al frente del urbanismo catalán le deparaban (claudicaciones, complicidades, verdades a medias, codicias y miserias), que en aquel lugar, como si del útero materno se tratara, completamente a solas y en silencio con sus pensamientos, era capaz, tras horas de reflexión, de cicatrizar y cerrar. Abrió el cajón del mueble auxiliar, situado entre los caballetes que sostenían el tablero de la mesa, y sacó la pistola Astra 300, comprobó que estaba cargada y le quitó el seguro, al tiempo que la miraba como algo extraño, a pesar de la cantidad de ocasiones en que la limpió, engrasó y usó. Veía la cuadrícula del grabado en relieve de la negra culata, la oscuridad y el rayado del ánima de seis estrías del cañón, su peso, el roce frío del metal y el pavonado del acero, dotados de un sentido y una imagen distintos a lo habitual. Posiblemente, esa diferente percepción del arma, tantas veces empuñada y disparada en Montjuich, respondía a la conciencia de ser el instrumento de muerte elegido para acabar con su vida.

Quemar pólvora las mañanas de los sábados servía para eliminar el sobrante de adrenalina que la dirección de urbanismo le generaba. Podía saberse su estado de ánimo por las cajas de munición gastadas en cada visita al túnel de tiro.

Siempre le habían atraído las armas. Le gustaba estudiar los detalles del percutor, ánima, calibre y centro de gravedad, pensando en el tiempo y la dedicación empleados en hacer aquellos objetos lo más eficientes a la hora de escupir dolor y muerte. El Astra 300, que empuñaba, era conocido por los coleccionistas con el sobrenombre del Purito. El apelativo le venía de que el modelo 300 tenía un hermano mayor, el 400 de calibre 9 largo. En la diferencia entre uno y otro había una explicación. Ambas fueron pistolas reglamentarias en el ejército español pero la 300, de menor peso y volumen, se empleaba en los desfiles y los trajes de gala para lucirla como un entorchado más, mientras que la 400, más pesada y potente, estaba destinada a masacrar en la lucha cuerpo a cuerpo. Se hizo con el Astra 300 en una subasta de reliquias procedentes de la División Azul, prefiriéndola a partir de entonces a la S&W 40, más moderna, anatómica y ligera, pero carente del tacto aristado de la otra. Como alguien le dijo, al Astra, cúbica y lineal, debías adaptarte tú, mientras que otras, como la S&W, eran ellas las que se ajustaban a la mano que las empuñaba. ¿Quizá su propia vida de flamante y triunfador urbanista —pensaba ahora— había sido una permanente adaptación y acomodo a lo que le venía desde fuera, sin cuestionamiento alguno por su parte?

Con el arma en su mano, dirigió la vista a su alrededor. Objetos y detalles colocados aquí y allá, que traían a su memoria escenas y acontecimientos del pasado. De su época de becado estudiante de Arquitectura conservaba una regla de cálculo capaz de darle al momento, con solo mover el cursor, la cuantía de las armaduras del hormigón armado, un trasto ahora inútil frente a los ordenadores de bolsillo que permiten, tocando una tecla, conocer el número de hierros para cualquier estructura. Entre los libros, y en lugar preferente, los textos de Resistencia de Materiales y de Estática, rellenos sus márgenes de anotaciones y apuntes hechos con lápiz de mina dura y letra minúscula, los tres tomos de Análisis Matemático de Pi Calleja y, guardados en cilindros metálicos, varios rollos de planos de papel vegetal con sus trabajos de la asignatura de Proyectos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Diagonal.

Destacaba el título, enmarcado con un ancho paspartú. Un diploma cargado de cenefas encabezado con la pomposidad de «S.M. el Rey Juan Carlos I y en su nombre el Ministro de Educación…», con la firma en uno de sus ángulos de un funcionario habilitado, que era quien al final certificaba su validez. Prácticamente ni un vacío en las paredes, empapeladas con perspectivas y distribuciones de sus primeros trabajos. Un bloque de apartamentos en Ocata que, como una parte importante de aquellos anteproyectos, no llegó a formalizarse, los esbozos en brillantes colores de un plan parcial en Badalona que le «pasó» el arquitecto del ayuntamiento y diversas propuestas de ordenación urbanística, especialidad a la que finalmente se dedicaría. Ese plan parcial de Badalona, que contaba desde el inicio con el interés y la «colaboración» del municipal, sí que llegó a hacerse, aprobarse y cobrarse, contrariamente al bloque de apartamentos de Ocata.

Allí estaba su vida, no solamente la profesional, sino también la familiar. Una fotografía de Marta, enmarcada y colocada encima de la mesa de dibujo, ocupaba un lugar preferente en sus recuerdos. Su despreocupada sonrisa, mirando a la cámara, le retrotraía al viaje a Grecia donde tomó la instantánea. Coincidió con el primer encargo de un edificio plurifamiliar, dejados atrás los remiendos y las mal remuneradas obras de apeo y reforma. Como escenario de fondo, detrás del rostro alegre de la mujer, se vislumbraban las Cariátides del Partenón y un nítido cielo azul haciendo juego con sus ojos. Fueron dos semanas llenas, aparte de horas de autocar, de momentos felices que regresaban ahora en cascada. Corfú, Mikonos, la plaza Sintagma, lugares recorridos a toda prisa, comandados por guías más empeñados en que compraran platos de cerámica y esculturas de terracota que en impartirles cultura, a los que él daba la vara con preguntas para las que no tenían respuesta (el segmento áureo, el canon de Fidias). Viaje hecho, de punta a punta, cogido de la mano de aquella mujer atenta y arrebolada ante las explicaciones que su hombre, él, pedante y erudito, le iba dando sobre arquitrabes, metopas, frisos. La emoción sentida ante el bronce del auriga de Delfos, su oráculo, la estatua de Poseidón, el estadio de Olimpia. Hubo después más viajes y más fotografías y videos, pero el de Grecia tuvo un sabor especial, para él y para Marta.

Y, como el momento de máxima realización profesional, su nombramiento como director de urbanismo reflejado en la carta enmarcada y colocada junto al título, firmada por el Honorable Conseller d’Obres Públiques i Urbanisme [Honorable Consejero de Obras Públicas y Urbanismo]. Recordaba los ojos de su mujer llenos de satisfacción y orgullo cuando le dio la noticia, viéndolo como el ser que había colmado todos sus sueños, la persona más inteligente y adorable de la creación.

Giró la vista al amplio ventanal, que mostraba el patio interior de manzana que daba fachada a su despacho, con la perspectiva de las azoteas del barrio de Gracia, surcadas por alambres con ropa tendida mecida al viento, un bosque de antenas por encima de los edificios y los tiestos amorosamente dispuestos en las terrazas, repletos de geranios, rosales o claveles. El mismo paisaje urbano, prácticamente inalterable hacía decenios y que él, tantas veces y durante tantas horas, había contemplado desde su mesa de dibujo sin verlo, meditando, abstraído en cómo resolver una fachada, una zona verde o un equipamiento. Un panorama que ahora tomaba un sentido especial y único, cual un amigo que le hubiera acompañado y protegido durante aquellos años, y que ese día estaba allí como un camarada fiel para escoltarle en su definitivo viaje.

En el dibujo asistido por ordenador, solo la pantalla de cristal líquido y el teclado tienen importancia, careciendo la luz natural de la mínima relevancia, al revés de lo que sucedía cuando el lápiz, la goma y el escalímetro eran los instrumentos a manejar. Ahora estaba uno obligado a concentrarse en el universo limitado y concreto del rectángulo luminiscente que contenía los puntos, las líneas y las superficies del plano que iba perfilando y a los que se iba acercando o alejando con periódicas órdenes de zoom acompañadas de alarga, recorta, perpendicular. La claridad del día representaba un incordio y una distracción, algo muy distinto a sus comienzos, en que era el don más preciado de un despacho de arquitectura. Pero Carles gustaba, tanto en sus inicios de usuario de lápiz de mina Faber Castell como luego con el ratón como herramienta de trabajo, de vez en cuando, y durante largos ratos, abandonar aquel hermético y cerrado entorno del papel cebolla o la pantalla informática y dirigir su mirada lejos, atravesar el ventanal situado a un metro y medio escaso y otear lo que ocurría en las azoteas del variopinto patio de manzana. Disfrutaba contemplando las labores de regado y cuidado de las plantas que una desconocida mujer, apareciendo por una puerta estrecha y carcomida, realizaba en su espacio de terraza cada tarde durante un par de horas, ya fuera invierno o verano, dedicada a la limpieza de las hojas secas, a la poda de las plantas, a rociarlas con antiparásitos y a abonarlas. O de la visión del viejo achacoso que sentado al sol de la mañana, entre acceso de tos y acceso de tos, fumaba con placer pecaminoso el caliqueño o el toscano, que el médico de cabecera le prohibió bajo pena de muerte, escondido en un rincón y atento a no ser sorprendido por su mujer, su hija o su yerno. Y también de la matrona que en verano tomaba el sol en bikini para regocijo de los delineantes de su despacho, a los que, en más de una ocasión, sorprendió agazapados tras el cristal para ver bajarse la tira del sostén con la esperanza, jamás colmada, de poder atisbar la areola del pecho. Tal vez esa contemplación de la vida que latía a su alrededor era un reflejo de su propio trabajo de arquitecto, la búsqueda de inspiración para que de los dibujos, surgidos de su lápiz o de su ratón, resultara la existencia de aquellas gentes anónimas —la jardinera, el bronquítico, la pechugona— más ordenada, más plena y feliz.

Sintió que el momento que estaba viviendo, aquella evocación, era el último instante feliz de su existencia y decidió apurarlo y alargarlo al máximo, aun sabiendo que su presencia, ausente de las reuniones previstas para esa mañana, ya había sido notada, convencido de que su móvil, puesto en la función de silencio y postergado en el bolsillo de su pantalón, tendría decenas de perdidas y mensajes. Pronto, dentro de unos minutos, ya nada importaría. El patio, sus recuerdos y, por supuesto, las llamadas por atender quedarían en una dimensión inaccesible cuando fuera un montón de carne inanimada.

La otra vida y lo que significaba aquel tránsito voluntario, para una persona creyente y practicante como él, había sido un problema a resolver. La doctrina de la Iglesia católica es muy clara y dura para con los suicidas, negándoles el pan y la sal de la gloria eterna, incluso, hasta hacía poco, la sepultura en tierra bendecida. Pero el arquitecto, además de la idea de Dios contenida en el catecismo y en los salmos, creía en un Todopoderoso misericordioso que, precisamente por serlo, admitiría sus razones para acabar con su existencia y lo sentaría a su diestra. Tanto esperaba esa acogida benevolente del Señor como dudaba encontrar comprensión en este mundo. Aunque, razonaba Carles Granell, con su acción a nadie estaba perjudicando excepto a sí mismo; más bien evitaba un futuro de sufrimiento en su entorno. Sobre todo en Marta. Sin duda, el Altísimo entendería sus motivos y perdonaría su pecado.

Marta. Dudó en explicarle todo, sincerarse con ella, buscar clemencia para su conducta, pero sabía que, aunque se la concediera de principio, al final vendría la ruptura. Cuando alguien con quien has vivido durante tantos años en la comunión de ideas y emociones que ambos compartieron, conoce de repente que esa vida ha estado basada en una mentira y en una simulación, todo se viene abajo. Fue la primera y única mujer para él desde los dieciocho años que tenían al conocerse, y él lo mismo para ella. Lo poco o mucho que sabían del otro sexo, del amor entre hombre y mujer, era consecuencia de una sola persona para ambos: de Carles para Marta y de Marta para Carles. Con frecuencia, al explicar a los demás ese prematuro y largo noviazgo y su exclusividad veían aflorar sonrisas de suficiencia a su alrededor, incapaz quien lo oía de entender el placer que les comportaba. Sabía que ella no podría asumir la nueva realidad, aceptarlo como la persona radicalmente diferente a la que conocía y junto a la que dormía, otro ser descubierto de repente, puesto en evidencia por su confesión, el reverso del hombre de quien no se separó jamás, estuviera donde estuviera, dando conferencias o cursos en el extranjero, de oyente, en la primera o la última fila, o dormitando en los vestíbulos de los aeropuertos. Con quien lo compartía o creía compartirlo todo.

Eso, una vez roto, estaba convencido de que no existía remedio ni medio capaz de recomponerlo. Se convertiría, de súbito, en un completo extraño. A partir de ahí, sería inevitable la separación. Y él no se sentía con fuerzas de soportar, no ya la soledad que conllevaría, sino el complejo de culpa que le acompañaría para siempre por ser el causante de la ruptura.

Regresó al momento y al entorno presentes desde sus meditaciones, que no hacían sino ratificarle en la decisión tomada. Se imaginó el aspecto que tendrían aquellas paredes decoradas y amuebladas, que constituyeron su espacio de trabajo habitual antes de ser nombrado director, —láminas, acuarelas y grabados amarillentos por la pátina del tiempo como testimonio de horas y horas buscando lo imposible, la perfección— y en cómo quedarían cuando hubiera apretado el gatillo. Los escasos espacios del estuco veneciano que asomaba entre tanto papel, la tapicería de las sillas, los libros ordenados en los estantes, la propia mesa frente a la que estaba sentado. Todo salpicado y manchado con los restos esparcidos de su cuerpo, la carnicería que la bala provocaría como algo necesario para lograr su muerte. Este pensamiento le devolvió a la inmediatez de aquello que debía hacer.

Quitó el seguro y dirigió el cañón hacia su boca. Quería morir, no quedar malherido, y para lograrlo solo existía un procedimiento seguro, que el proyectil penetrara por el paladar y masacrara su cerebro hasta salir por el parietal. Sabía que el espíritu de supervivencia de los humanos, de la carne, hacía que, con frecuencia y en el último instante, la mano del suicida desviara el arma o destensara la soga en un acto reflejo para evitar la muerte. A él no le ocurriría, deseaba un final rápido; pero sobre todo certero. Desconocía si, a pesar del contundente ataque a su cuerpo que se proponía llevar a cabo, habría células, terminaciones nerviosas o neuronas, que le transmitirían algún pensamiento o dolor durante segundos. Pero aunque tal cosa sucediera, estaba convencido de que el resultado final estaba garantizado.

Su boca, ante el duro contacto del metal en el velo del paladar, reaccionó de forma distinta a su voluntad de matarife, insalivando, como si quisiera tantear el contorno del incómodo y frío huésped recién llegado para integrarlo en su naturaleza, buscando una imposible simbiosis de vida con aquel instrumento de muerte, recibiendo la invasión del acero con una secreción de humedad, lo más parecido a la suavidad del capullo con que el gusano de seda envuelve su larva o la lascivia que se destila para seducir al amante.

Se concedió unos últimos instantes de sosiego antes de flexionar el dedo índice sobre el gatillo. Decían, los que habían estado al borde de la muerte, que en ese momento regresa en torbellino la vida entera, detalles olvidados de la infancia que se hacen presentes con exactitud fotográfica. Y debía ser así, porque sentía cruzar delante de él, a velocidad de vértigo, todo su pasado con una intensidad y nitidez absolutas.

Un minuto después resonó el estampido de un disparo, amortiguado por la puerta blindada del despacho. La ausencia de persona alguna en el rellano de la escalera y la densa circulación de coches en el cruce de la avenida Príncipe de Asturias con Gran de Gràcia, su guirigay de bocinazos y el petardeo de los tubos de escape de las motocicletas, camuflaron el sonido como uno más de los ruidos de fondo habitual en las grandes ciudades. Ello hizo que si alguien escuchó el trueno de la pólvora al explosionar lo asociara, en aquel entorno urbano de gente con prisa, con cualquier cosa distinta de lo que había sido, un tiro.

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