Jose Manuel Muriel opina de Ediciones Atlantis

Jose Manuel Muriel opina de Ediciones Atlantis

Opinión José Manuel Muriel

(autor del libro “Pesadilas”)

Mi nombre es José Manuel Muriel, soy empresario y accionista único del grupo MV, formado por las siguientes empresas: Condepols, MV Gestion, MV Inversiones.

Desde hace 7 años estoy tratando de abrirme camino como escritor, tarea harto difícil, especialmente en los tiempos que vivimos, donde las nuevas tecnologías han afectado negativamente a sectores como la prensa escrita o al sector editorial. Mi actividad literaria donde ya tengo 10 libros publicados se reparte entre el género de libros de empresa/gestión y literatura de ficción.

Mi primera experiencia con ediciones Atlantis fue cuando les envié el original de mi libro PESADILLAS. No los conocía, ni ellos a mí, pero desde el primer momento me llamó la atención su diligencia y el trato con el autor. Sé que no son la editorial más grande, ni la más importante, ni la que tiene mejor distribución, ni la que más puede invertir en la promoción de los libros que editan, pero desde el primer contacto me han hecho sentir como si yo fuera un premio Nobel.

Te llaman continuamente, se involucran en ayudarte a promocionar tu obra, te ofrecen consejos, te presentan gente, te animan, te acompañan, te hacen pensar que realmente te has convertido en un escritor y para mí, en mis circunstancias personales, esto es lo mas importante: sentir que se preocupan de ti y de tu obra, ante todo.

Por ello, esta relación que se inició hace meses, es para mí tan importante y solo puedo decir que si la editorial Atlantis y su editor, Jota (J.D. Álvarez), no existieran, habría que inventarlos. Pero afortunadamente no es necesario, existen y están aquí para suerte de los autores que tenemos la oportunidad de trabajar con ellos.

Por eso solo puedo decir: GRACIAS

“Astronautas”, de Verónica Martín en Ed. Atlantis

 

“Astronautas”, de Verónica Martín en Ed. Atlantis

El inicio de esta interesante historia…

Através de la ventana entreabierta, Cosmo escuchó el rumor de la cadena de la bicicleta estática aparcada en la azotea. Tirado en la cama, dando caladas cortas a un pitillo, lo oía deslizarse a toda velocidad. Un soniquete vertiginoso, como si en vez de su madre montada en la bici, un ciclista de gemelos fibrosos descendiera montaña abajo, doblando en las curvas e inclinando el cuerpo encima del manillar. Estaba convencido de que ella la había arrastrado hasta colocarla frente a los cristales de su dormitorio, de lo contrario, era imposible que le llegara el ruido tan próximo, rodando ofuscado en el eje del piñón.

Cuando su madre se enfadaba seriamente, conservaba toda la rabia en su interior, silenciosa, reconcentrada. En el momento en que ya no aguantaba más, se la podía ver empujar una cómoda a la salida de su cuarto. Tan admirable era el afán que ponía en su tarea: sus brazotes tensos, las manos que imitaban dos palas de limpiar nieve, conduciendo la cajonera de un lado a otro, con la vista fija en el suelo, que su hijo sentía la necesidad de echarle una mano; realizar el recorrido completo hombro contra hombro, caminar cerca de la cocina o del saloncito, incluso enfilar a la terraza, cauteloso al preguntar dónde pretendía ubicar el mamotreto en el que guardaba las medias y aquellos sostenes armados que se mantenían tiesos sin ayuda, sujetos gracias a un busto de tetas voluptuosas e invisibles.

Una vez el chiffonnier estaba de nuevo instalado en su cuarto, después de haber concluido ese absurdo peregrinaje, la mujer se derrumbaba sobre una deslucida butaca que ella adoraba por confortable, por vieja y por haber pertenecido a la tía Raquel, la hermana mayor de su padre, que se trasladó a Madrid al poco tiempo de casarse. Raquel fue quien acogió al abuelo cuando le despidieron del taller de Stuttgart y, más tarde, a ella y a su pequeño sobrino nieto. Sin embargo, no fue solo ese acto de generosidad lo que le hacía entenderse más que bien con la tía Raquel, sino una complicidad remota que las unía como un hilo de pescar.

La madre de Cosmo decía que esa silla la abrazaba. Su hijo sonreía ante la elocuencia con la que afirmaba esa idea, pues lo que ocurría era que su rotundo contorno encajaba a duras penas en el sillón.

Yo creo que te estrangula —replicaba él—. Te convendría hacer más ejercicio.

Si monto en la bicicleta todos los días —le argumentaba ella, apretándose en la poltrona.

Andar por la calle también ayuda —su hijo aprovechaba cualquier ocasión de intentar abrir una brecha—. ¿Recuerdas? Ir a la carnicería o al tapicero a encargar una tela nueva para tu querida butaca.

Este sillón está mejor que tú y que yo. Y el servicio que me hace… —lo palpaba satisfecha—. ¡Un servicio buenísimo!

Además, contaba con múltiples personalidades. No le importaba ser una percha, mesilla en la que apoyar el transistor durante las hondas noches de insomnio de la mujer o tendedero improvisado donde colgar los pantys cuando afuera, en la azotea, la lluvia caía chisporroteando en las losetas rojizas y en el plástico que protegía a la bici.

Le conmovía contemplar a su madre reposar tras un disgusto. Su cabeza recostada, los brazos flojos y abiertos como una matrona exhausta.

Voy a salir —murmuraba el chico en el umbral del dormitorio—, ¿traigo el pan?

A veces la mujer tardaba en responder, sumida en un universo que le obligaba a fruncir los labios.

¿Panecillo o pistola, mamá? También compro una media docena de huevos morenos en la bodega —le concedía unos segundos—.Vale, y una litrona, una fresquita. No me entretengo, ahora, si me encuentro con el Machuca… igual me lío.

Señales luminosas que lograban disipar su ensimismamiento. Primero un suspiro, los labios se relajaban.

Panecillo blanco, nada de tostado —su voz parecía surgir de lo más profundo de su garganta, mucho más abajo, desde su pecho. La delicada cadencia de su tono no se correspondía con el tamaño de su delantera.

Una vez roto el hechizo, todo volvía a la sosegada normalidad; las cómodas a su lugar designado y el televisor frente al sofá. Aunque esta vez, el chico, ya no un niño de pelo al cero, sino un casi adulto de greñas rubias e indomables, no tenía intención de que nada regresara a su sitio, ni siquiera la bicicleta inmóvil. Si ella había sido capaz de moverla, el resto era posible, porque aquel bicho metálico era tan estático, que Cosmo creía que estaba soldado al pavimento de la azotea.

Sus primeros recuerdos de crío, jugando a indios y vaqueros, no eran los de él trotando a lo largo del pasillo con una escoba entre las piernas. Se entretenía mucho más subido a lomos de la descascarillada bici, por aquella época reluciente y blanca, con el nombre escrito en un lateral: BH ÓNIX. Tocaba el manillar y la calmaba al finalizar una persecución en el desierto, tras esquivar flechas de Pieles Rojas disparadas desde el bloque de enfrente.

¡Sooo, soo! Tranquila, Bonita Ónix —le susurraba—. Te has portado muy bien.

Había tratado de modificar el emplazamiento de aquel trasto, según las necesidades de sus persecuciones imaginarias. Llegó a convencer a su abuelo de que si la situaban más al fondo, cerca de los maceteros de pensamientos, podría ver más de cerca las torres de los otros fuertes. Lo máximo que lograron fue un chirrido de la base al arañar el suelo y ambos soltaron la bici temiendo haberle causado un estropicio irreparable. Sí, no era difícil enredar al padre de su madre, lo complicado era sujetarle los pies en el juego o, siendo más exactos, al enlosado que pisaban.

El abuelo accedía a aguantar quieto en un rincón de la terraza, en cualquier punto que este señalara; detrás de las sábanas que acababa de colgar la tía Raquel, si era el caso, y ahí aguardaba paciente a que su nieto terminara de examinar las herraduras de la Bonita Ónix. No obstante, en cuanto el chaval se despistaba un par de minutos, él tenía la mirada perdida más allá de las antenas y la uralita de los tejados aledaños. Sus rasgos parecían vaciarse de toda expresión, sus párpados abultados se relajaban como en el instante en el que el sueño te acaricia suave, muy suave, la coronilla. Cruzaba la línea fuera del mundo de tal forma, que podría haberse quedado soñando, recostado en uno de los almohadones húmedos prendidos con dos pinzas verdes.

El niño, encaramado al sillín, pedaleaba a toda marcha y aceleraba a ratos, para que la cadena hiciera ese ruido inquietante, de enjambre de abejas zumbando. La postura del abuelo proyectaba su sombra alargada e hierática sobre los arriates de flores púrpura que su madre sembraba en otoño. Como mucho, conseguía un leve gesto bajo los pómulos afilados del hombre.

¿Te has quedado frito? —preguntaba su nieto intranquilo—. No puedo confiar en un guardia que a la primera de cambio se me dispersa.

El abuelo encogía sus escuálidos hombros. A Cosmo le encantada notar las finas aristas de su cuerpo. Pasados los años de la adolescencia, a la vuelta de las clases en la Escuela de Enfermería, le abrazaba por detrás si se lo encontraba, a oscuras, sentado en una silla de la cocina. Sentía sus omóplatos duros y enormes, de dinosaurio cansado, a través de la camisa y le venían a la mente recortes de un domingo soleado a la puerta de la bodega. Le costaba trabajo creer que, en algún momento de su vida, hubieran estado allí los dos juntos.

¿Ves algo? —le preguntaba el crío— Bonita Ónix, con este vigilante nos cosen a tiros los indios. ¡Abuelo, joer! —exclamaba. Su persistente abstracción lo desesperaba. Los cuatro pelos de la nuca, revueltos por la brisa del atardecer, era la única parte de su cuerpo que denotaba movimiento— ¡Abuelo! —gritaba.

Le costaba mantener los pies en la superficie; daba igual si era en las baldosas del baño, la alfombra de la habitación que compartía con su nieto o el suelo de la azotea. El pequeño se bajaba de la bici a toda prisa, intentando cogerle del brazo que estaba tieso.

¿Te aburres? Pues jugamos a conducir una nave espacial.

Se giraba el hombre. Examinaba la figura de la bici y apoyando la mano, apretaba flojito los dedos en la espalda del chaval.

Vamos a dentro, criatura —respondía—. Yo no sé nada del espacio.

Una vez en la casa, la madre les solicitaba para que alguno ayudara a la tía a recoger las vainas de los guisantes que serviría en la cena y el desencuentro de la azotea se difuminaba, aunque siempre dejaba una muesca muy débil en los ojos tristes del hombre y una preocupación particular por parte del niño hacia él, que no le abandonaba hasta que el abuelo tomaba una de sus pastillas y se acostaba en la cama inmediata a la suya esa noche y todas las que siguieron en sus años de convivencia.

 

 

Sigue aquí la historia

José Vera, su opinión en Premios Ediciones Atlantis

José Vera, su opinión en Premios Ediciones Atlantis

Desde el momento en que recibí el mail de Atlantis, anunciándome que mi novela era una de las finalistas de sus premios hasta el momento en que salí de la Fnac, estuve viviendo en una nube. Yo, un mozo de almacén con faltas de ortografía, estaba nominado al premio Atlantis a la mejor novela urbana de 2015. No era posible, no podía ser.

Supongo que la mayoría de gente tiene sus complejos. El mío es sin duda que siento que no pertenezco al fabuloso mundo de los escritores, no me siento digno de él. Quizás sea que jamás sentí la necesidad de escribir, puede ser lo que mencionaba anteriormente sobre mis excesivas faltas ortográficas o simplemente que todo está yendo tan rápido que no me da tiempo a asimilarlo. En tres meses, de octubre a diciembre de 2015, pasé de ser alguien que casi por casualidad había acabado su primera novela, su primera incursión en la escritura, a tener una criatura literaria publicada. Atlantis tuvo las agallas que le faltan a los demás e hizo posible lo que no era, si quiera, un sueño. Jamás soñé con eso. Desde entonces siempre digo que estoy jugando a ser escritor. Siempre lo vi como algo pasajero, como algo que se acabaría en cualquier momento, algo demasiado bonito como para perdurar en el tiempo.  Ser finalista ha cambiado esa percepción. ¿Y si realmente he hecho algo que vale la pena?,  ¿es posible que sea lo suficientemente bueno?, ¿soy ya un escritor?. En los 10 meses que llevo con Autocompasión de un tonto con suerte en el mercado jamás había respondido afirmativamente a estas preguntas, a ninguna de ellas.

Quizás por esas dudas sobre mí acudí a la gala sabiendo que no iba a ganar. Quizás por eso lo disfruté más, no sentía presión.

Me embarqué en un viaje de seis horas, de Barcelona a Madrid, para ir a la entrega de premios aun sabiendo que no ganaría. Simplemente quería estar allí, compartir un rato con otros escritores, sentirme por fin uno de ellos, comprobar que no estaba inmiscuyéndome en un territorio ajeno a mí. Necesitaba sentirme parte de esto y, después de casi un año moviéndome en terrenos hasta ese momento ajenos a mí, me atrevería a decir que hasta merecía percibirme así.

Me encantó la experiencia y eso que desde el minuto uno supe que no ganaría. Cuando el editor, J, dijo que este año se había premiado bastante la espiritualidad, supe que mis escasas opciones de ganar habían desaparecido. A pesar de ello lo pasé muy bien y se me hizo corto, charlé con alguno de los otros finalistas y, ante mi asombro, comprobé que era uno más, que no me veían como a un extraño. Ese era mi único miedo, que la gente me señalara con el dedo y dijeran: Mira, el que no sabe escribir. Complejos que tiene uno.

No me he leído ninguna de las otras obras finalistas, intentaré poner remedio a eso. No sé si mi novela es mejor o peor que el resto y la verdad es que me importa poco.  Creo que en la gala se dijo que en 2015 Atlantis había publicado 85 novelas, 16 de ellas fueron finalistas y si, la mía era una de ellas, así que por lo que a mí respecta, aunque no tenga físicamente el premio de ganador, yo también he vencido. He pasado de jugar a ser escritor, a serlo.

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Francisco Fernández Martí, su experiencia con Ediciones Atlantis

Francisco Fernández Martí, su experiencia con Ediciones Atlantis

Hace años sentí la necesidad de escribir. El sentimiento fue tan fuerte que acabé por escribir una novela mejor de lo que nunca imaginé. Aquellos años de escritura fueron los más intensos y más vivos de mi existencia: abrí mis puertas a la creatividad de par en par, pero aquella bocanada de aire fresco vino acompañada de muchos sacrificios y mucho trabajo. Nunca pensé que yo fuera capaz de dar tanto de mí mismo, pero así fue. Fue la escritura lo que me hizo crecer y, ahora que ha pasado un tiempo desde que puse el punto final a “Castillos de naipes”, considero que es lo más importante que obtuve con su escritura: crecer como persona. Tras aquella experiencia vital, tuve la suerte de que Ediciones Atlantis materializara aquella ardua labor en una novela. La satisfacción fue grande, ya que a todos nos gusta que se reconozca nuestro trabajo. Pero no quedó ahí la cosa: pasado un tiempo, mi novela fue seleccionada entre las mejores de las publicadas por la editorial en el año 2015. Mi novela pasaba de ser considerada una obra aceptable a ser considerada una buena obra. Cuando me lo comunicaron me sentí nuevamente satisfecho, y acudí a la gala a la que Atlantis nos había convocado con la incertidumbre de si mi novela resultaría ganadora o no pero, en cualquier caso, con un sincero sentimiento de haber logrado ya más de lo que esperaba. El ambiente que me encontré fue cálido, casi familiar, y en él se respiraba amor por aquello que unía a los presentes: la literatura. Allí se encontraban Jota y el resto del equipo de Atlantis, con los que he mantenido una buena relación desde que comencé a caminar con ellos, y me alegré de verlos. Había muchas otras personas que, como yo, miraban a uno u otro lado con cierto aire de curiosidad: eran otros escritores, y sonreí al poner rostro a aquellas personas que, en soledad, porque no puede ser de otra manera, habían recorrido aquel duro pero bonito camino que es el de escribir una novela. Algunos familiares y curiosos completaban el aforo. El acto se desarrolló en un ambiente distendido, centrado en la crítica de cada una de las obras que habían sido seleccionadas. Se entregaron los premios de cada una de las categorías. Llegado el momento en el que se entregaban los de mi categoría, salimos los cuatro nominados y nos situamos junto al jurado. En ese momento desapareció aquella cierta ansiedad que me había acompañado durante los días previos y que venía motivada por si sería el ganador o no; tan sólo me veía junto a otros tres escritores que disfrutaban de lo mismo de lo que disfruto yo: de escribir. Resultó que no gané yo, sino un compañero por el que, en el momento en que el jurado hizo público el fallo, sentí alegría. Le estreché la mano y le di la enhorabuena, y sentí que si yo me había esforzado al máximo para plasmar en “Castillos de naipes” lo mejor de mí, muchas otras personas hacen lo mismo y consiguen crear grandes obras. Cuando llegué a casa puse el trofeo de finalista en un lugar preferente y, ahora que han pasado unos días, me siento reconocido por mi trabajo, y deseo toda la suerte del mundo a esta editorial que crece día a día a base del más potente de los combustibles: la ilusión. Gracias, Ediciones Atlantis.

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Premios Atlantis: La isla de las letras, novela urbana

Premios Atlantis: La isla de las letras, novela urbana

 

La Puerta de Peter Pan’, del escritor y dramaturgo Javier Espinosa, se alza con el galardón a mejor novela urbana publicada en 2015

Como algo inusual, el jurado encargado de elegir a la mejor novela urbana fue el editor J.D Álvarez, quien aseguró que había sido una elección muy difícil ya que todas las novelas que concurrían eran merecedoras: ‘Astronautas’ por su frescura, ‘Autocompasión de un tonto con suerte’ por su humor, ‘Castillos de Naipes’ por sus valores y la búsqueda de la felicidad o ‘La Puerta de Peter Pan’ por su temática trascendental y por ser un libro necesario que puede echar una mano a los lectores. En ese sentido, aseguró que son cuatro títulos de mucha calidad a distintos niveles y optó por ‘La Puerta de Peter Pan’, ya que este año los Premios Atlantis han estado protagonizados por la “espiritualidad”. El autor, Javier Espinosa, recogió el premio muy emocionado por lo que ese libro significaba para él, ya que trata sobre el acoso escolar que él mismo sufrió cuando en su infancia y la manara de superarlo. Un libro que “ tiene respuestas a esas preguntas que quizás ni siquiera aún te has hecho. Siente sus páginas pero no te aventures en sus secretos aún… siéntelos página a página… Siéntete niño… niña… Coge tus folios… tus lápices de colores… los necesitarás… “La Puerta de Peter Pan” tiene el secreto que he guardado para ti y ahora, mientras lees estas suaves frases, lo reconoces, lo sabes…  Estabas esperando algo así… Y quizás… cuando abras la primera puerta… esa que es azul… esa que inunda la portada… quizás cuando la abras… sepas por qué Peter Pan siempre fue azul…”

Los finalistas:

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Premios Atlantis: La isla de las letras, género Fantástico 2015

Premios Atlantis: La isla de las letras, género Fantástico 2015

Antes de que el sol se apague’, de Ernesto goñi, consiguió el premio a mejor novela de Género Fantástico 2015 

El primer galardón se entregó de la mano de Teresa Abedul y Ainara del Olmo y Abedul. Madre e hija, ganadoras de los Premios Atlantis en su V Edición, sorprendieron a los tres finalistas que asistieron con algunas preguntas. Acto seguido y tras resaltar la calidad de las novelas que concurrían al premio en esta categoría, aseguraron que la merecedora era ‘Antes de que el sol se apague’, una novela de ciencia ficción con el siguiente argumento: “La verdadera batalla entre el bien y el mal no se libraba en aquel prado o en otras guerras, sino dentro de cada persona, cada día.” Renesto sobrevive al accidente de coche en el que fallece su familia. Días después, en el despacho de su padre, un científico embarcado en una investigación sin precedentes, descubre un diario y un sobre con una extraña ecuación matemática en su interior. Este hallazgo le arrastrará a un viaje extraordinario hacia lugares fantásticos y remotos para encontrar una verdad difícil de asimilar. ¿Qué pasaría si todo fuera posible y cualquier cosa que pudieras imaginar se hiciera realidad? La respuesta es una singularidad en la que decenas de personajes se verán inevitablemente enredados en un sinfín de sucesos inexplicables que les obligarán a tomar partido y actuar hasta las últimas consecuencias. “¿Por qué danzan los pájaros al amanecer, y qué clase de ritual les hace volver a bailar justo antes de que el sol se apague?”

Los finalistas:

“Premios Atlantis: La Isla de las Letras”

“Premios Atlantis: La Isla de las Letras”

 

El pasado viernes 18 de noviembre, la editorial Atlantis celebraba la VII edición de ‘Los Premios Atlantis. La Isla de las Letras’, por lo que ya son siete los años que llevamos reconociendo la labor de escritores noveles que con gran calidad publican sus primeras novelas.

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La librería FNAC del Centro Comercial La Gavia fue la encargada de acoger esta nueva edición presentada por la periodista Alexia Cué y el editor J.D Álvarez y que arrancó con la maravillosa interpretación de chelo de la también escritora Ainara del Olmo y Abedul.

De todas las obras publicadas en 2015, se seleccionaron cuatro merecidos finalistas de cada uno de los siguientes géneros: Novela Fantástica y ciencia ficción, Novela Histórica, Novela Urbana, Novela Policíaca y Negra. Como se repitió en varias ocasiones a lo largo de la gala, el hecho de estar entre los finalistas ya es un premio que supone el reconocimiento del trabajo de nuestros autores de forma pública, dando a conocer sus novelas y animando a promocionar nuevamente cada título.

Este año, el jurado ha estado compuesto por: Gabriel Monte (escritor y contertulio de Radio Inter), Antonio Castillo Olivares- Reixa (Ganador de la III Edición de los Premios Atlantis Las Isla de Las Letras 2012 y contertulio de Radio Inter), Teresa Abedul (Ganadora de la V Edición de los Premios Atlantis Las Isla de Las Letras 2014) y el editor de Ediciones Atlantis, J.D Álvarez.

El acto se retransmitió en directo a través de Facebook.

 

Enamórate de un cuervo y…, de Juan A. Pajuelo en Ediciones Atlantis

Enamórate de un cuervo y te sacará el corazón, de Juan A. Pajuelo en Ediciones Atlantis

Este relato se encuentra publicado en Antología “Golpe a la Violencia de Género” (Andalucía), publicada por Ediciones Atlantis. Se trata de la contribución personal de escritores y editorial contra la lacra que atenaza a la sociedad actual.

Esta es la historia de un hombre INOCENTE injustamente acusado de MALTRATADOR, y os la voy a relatar tal cual me la relató a mí…

Recuerdo la primera vez que la vi, fue el día después de Reyes de hace ya 4 años… habíamos quedado en mi portal. La vi a lo lejos, esperándome en el portal de al lado, siempre recordaré la sonrisa que me dedicó nada más verme, me enamoré perdidamente de esa sonrisa. Aquel día fue muy especial para mí, pues como no era originaria de esta ciudad pude enseñarle los mejores lugares de la misma. Estuvimos todo el día juntos, y cuando llegó la noche mi hermano se vino con nosotros a tomar unas cervezas y se nos hicieron las tantas, regresamos para tomarnos las últimas en su casa y al rato nos quedamos solos los dos. Aquella noche hicimos el amor y fue un momento mágico, pues sentí que me había fundido en un solo ser con ella. Al día siguiente me demostró que sólo fui un polvo más, pues también se estaba tirando a un amigo suyo y a mí me hizo sentir como la peor de las mierdas…

Tuvimos varios días de tira y afloja, porque yo me había enamorado perdidamente de ella y el sentimiento era recíproco pero ella no quería admitirlo, hasta que por consejo de una amiga suya decidió dar el paso, dejar a un lado a su amigo y pasar a tener una relación más seria y estable conmigo. Los dos meses siguientes tuvimos algún roce que otro porque aún nos estábamos conociendo y nos teníamos que amoldar la una al otro. Tenía muchos detalles positivos conmigo, aunque también tenía algunos que me descolocaban, como por ejemplo el dormir de vez en cuando con su compañero de piso en la misma cama. Yo me preguntaba cómo era posible que hiciera eso si ella ya había decidido tenerme ya como su novio formal pero no me enfadaba con ella, intentaba ponerme en su lugar y comprender esos detalles que tan raros me resultaban.

Poco a poco fui entrando en su vida y fui conociendo a su familia y amigos… aunque ella tuviera sus cosas yo me sentía especial, sentía que podría tocar el cielo, pues me estaba dando lo que tanto había anhelado durante toda mi vida: amor, un lugar y una “familia” a la que pertenecer, pues yo he sido maltratado desde hace tanto tiempo que ya ni me atrevo a recordar y mi vida social casi siempre ha sido nula…

Viví días que mi me parecieron gloriosos, y aunque ella en cierta manera me seguía “puteando” con ciertas cosas, no le daba importancia, y siempre lo achacaba a que era una mujer con carácter —nunca me gustaron las mujeres sumisas—, de hecho era muy borde, malhablada, soez y tenía “garra”, pero a mí eso me encantaba, todo en ella me encantaba, ya fuese bueno o malo.

Pasó el tiempo y empezaron a aparecer sus primeros problemas económicos, ella era universitaria y no tenía para pagarse el piso y la matrícula a la vez, y su madre la ignoraba por completo. Como aquella fue una buena época económica para mí y la quería con locura, sacrifiqué un viaje que llevaba tiempo planeando para visitar a unos amigos de Málaga a los que hacía años que no veía y le cedí todo el dinero, incluso vendí algunas cosillas y pude darle algo más, un capricho que ella llevaba tiempo pidiéndome: su primer tatuaje…

Ese momento se quedó grabado a fuego en mi retina. Yo estuve junto a ella en el proceso, cuando le tatuaron el cuervo en el omóplato izquierdo, el cuervo que yo pagué… ese pájaro de mal agüero con el que ella tanto se identificaba y que le chiflaba —cierto que es un animal que me fascina por su inteligencia y su plumaje negro, pero siempre ha sido portador de malas nuevas—. Y sin darme cuenta empecé a amar su condición de “cuervo”, un cuervo que se camuflaba bajo la apariencia de una loba blanca, pues ella me llamaba “su lobo”, por tanto decía que también era mi loba…

Puedes continuar leyendo esta obra en Antología “Golpe a la Violencia de Género” (Andalucía).

“MACHISMO, GÉRMEN DE VIOLENCIA (El machismo en el inconsciente colectivo), por Juan Sánchez Vallejo en Ediciones Atlantis

“MACHISMO, GÉRMEN DE VIOLENCIA (El machismo en el inconsciente colectivo), por Juan Sánchez Vallejo en Ediciones Atlantis

La violencia de género es sin lugar a dudas una de las lacras más abominables de la humanidad. Lo es en la actualidad, pero también lo ha venido siendo a lo largo y ancho de la historia, aunque sin más “datos estadísticos” que alguna que otra referencia explícita que a veces leemos en apolillados libros escritos mayormente por hombres, claro está.

El preámbulo necesario para la violencia de género es el machismo, no lo olvidemos. Digamos que el machismo viene a ser el sustrato ideológico sobre el que crecen estas actitudes violentas que acaban con la vida de mujeres… ¡y niños (tampoco lo olvidemos)!

¿Cuándo, dónde y por qué surgió el machismo? Son preguntas imposibles de contestar, pero desde tiempos bíblicos sabemos que existía -incluso estaba sacralizada- la poligamia (es decir, un hombre conviviendo con varias mujeres) pero, en cambio, era perseguida a sangre y fuego la poliandria (una mujer conviviendo con varios hombres).

Igualmente pienso que el feminismo ha existido desde que ha existido el machismo; digamos que ha sido y seguirá siendo la respuesta más lógica al machismo, o su consecuencia natural. La ideología machista –y su contrapunto, el feminismo- se ha venido reflejando no solo en la vida cotidiana sino en las artes, literatura y otras manifestaciones culturales o sociales a lo largo y ancho de nuestra historia. Tenemos sobrados ejemplos de ello, algunos tremendamente significativos e impactantes. Miren lo que escribía en pleno siglo inquisitorial, también llamado el Siglo de Oro de nuestra literatura, una feminista obviamente adelantada a su tiempo como lo fue Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695):

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis.

Si con ansias sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?……

……. Con el favor y el desdén

tenéis condición igual,

quejándoos si os tratan mal,

burlándoos si os quieren bien.

Opinión ninguna gana,

pues la que más se recata,

si no os admite, es ingrata

y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis

que con desigual nivel

a una culpáis por cruel

y a otra por fácil culpáis…”

Lo realmente extraño es que esta poesía, de alto valor literario, fuera incluida en pleno franquismo entre LAS MIL MEJORES POESÍAS DE LA LENGUA CASTELLANA.

Por necesidades de espacio me veo obligado a limitar estos y otros trabajos de ilustres feministas, como lo fueron Carolina Coronado, Clara Campoamor, Gertrudis Gómez de Avellaneda, George Sand (se puso nombre masculino. En realidad se llamaba Amandine A. Dupin), y un largo etcétera de auténticas heroínas que se rebelaron contra la ideología machista.

Pero también les traigo ejemplos tragi-cómicos, realmente patéticos, de lo que fue y sigue representando el machismo en nuestro país. Les muestro un ejemplo que plasma como pocos la internalización mental en nuestra sociedad del machismo como ideología, que ha venido impregnando costumbres, cultura y conductas. Lean ustedes, no tiene pérdida:

No quiero en fea público cilicio

ni belleza sin par ni quita-sueño:

antes que necia, venga un maleficio,

y antes que docta, un toro jarameño.

Lejos de mí la que se incline al vicio;

lejos de mí, virtud de adusto ceño.

Yo busco una mujer boca de risa,

guardosa sin afán, franca sin tasa,

que al honesto festín vaya sin prisa,

y traiga entera su virtud y gasa.

No sepa si el sultán viste camisa

mas sepa repasar las que hay en casa….

.Dulcinea la busco, no Quijote;

no haga de gallo quien nació gallina.

Ponga el amor a sus vivezas dique,

sin que a fuerza de amor me crucifique…

Marimacho no luzca en un caballo

en su rollizo muslo pantalones;

de ningún tribunal me explique el fallo,

ni por solo intrigar suba escalones,

ni describir sus dedos críen callos…

¿De nada ha de hacer gala? -Sí: de juicio.

¿No ha de tomar noticias? – De sus eras.

¿Jamás ha de leer? – No por oficio.

¿No podrá disputar? – Nunca de veras.

¿No es virtud el valor? – En ellas, vicio.

¿Cuáles son sus faenas? – Las caseras

Que no hay manjar que cause más empacho

que mujer transformada en marimacho….”

Este poema titulado “Proclama de un solterón” es de un autor llamado José Vargas Ponce (1760-1821), que vivió sus mejores años en el llamado “Siglo de las Luces” (¡cómo serían las “oscuridades”!). Como verán ustedes es un auténtico canto al machismo ibérico en estado puro.

En cualquier caso ustedes pensarán que el machismo, precisamente por su componente injusto y reaccionario, ha de ir forzosamente desapareciendo de la faz de la tierra por pura inercia, porque sí, sin más. Grave error de percepción y de cálculo. Les vuelvo a poner otros gráficos ejemplos que demuestran justamente lo contrario, y que nos dicen que el machismo sigue muy vigente en el inconsciente colectivo de nuestros tiempos.

Y es que en las últimas décadas los contenidos culturales, emocionales y sociales siguen reflejando el sentir de la sociedad -supuestamente moderna- hacia esta ideología.

No me puedo olvidar de un cuplé que popularizó en España la excelente artista Sara Montiel, aunque quiero dejar claro que la citada persona fue una adelantada a su época en muchos aspectos relacionados con la ruptura de moldes machistas que atenazaban (y siguen atenazando) a la mujer. El cuplé de marras dice así:

Cuando le vi

yo me dije para mí: es mi hombre.

Solo vivo por él

mientras quiera serme fiel, ese hombre.

No puedo pasar

una noche sin pensar, en mi hombre.

Y le doy cuanto soy,

lo que tengo se lo doy, a mi hombre.

Y así estoy, es un macró, un gigolo

pero no importa porque así le quiero yo.

Cualquier día por Pigale, para mi mal

otra vez le perderé, luego… no sé

ni lo que va a ser de mí, porque le quiero.

Solo tengo corazón, para monhomme.

si me pega me da igual, es natural

que me tenga siempre así

porque así le quiero.

Ya no tengo corazón.

Aunque este cuplé lo popularizó Sara Montiel, su autor creo que era inglés (o francés, no estoy muy seguro). También en Francia tuvo mucho eco esta canción, titulada allí “Monhomme”.

Como ven ustedes se trata de una letra descarnada en la que la propia mujer, abducida por su pasión amorosa, acaba exclamando aquello de “si me pega me da igual”, rematando su locura masoquista con eso de ¡…es natural! ¡Vamos, lo esperable al parecer en una relación de pareja!

Y, a día de hoy, el machismo sigue haciendo estragos a pesar de la fuerza con que van emergiendo movimientos sociales que reclaman con toda justicia la igualdad de la mujer. Con razón el gran humanista Erich Fromm afirmaba que “nuestra sociedad contemporánea se podría decir que vive técnicamente en la era atómica, pero emocionalmente en la edad de piedra”.¿Cómo se entiende si no que haga furor ese libro de la italiana Constanza Miriano, que acaba de editarse y ya está consiguiendo records de ventas, titulado “Cásate y sé sumisa”? Un libro éste en el que ya el título sugiere de qué va la cosa. Por cierto, a algunos obispos españoles les ha faltado tiempo para “bendecirlo” e integrarlo en sus pliegues ideológicos, para consolidar aún más esa visión que tienen los sectores más reaccionarios de la Iglesia Católica del rol de la mujer en la vida humana, a saber: sumisión absoluta al hombre. Sin duda alguna este asunto de la liberación de la mujer va a ser uno de los más complicados de abordar por el papa Francisco, en su admirable afán de modernizar y adecuar a los tiempos los mensajes y propuestas de la Iglesia Católica en estas materias sociales.

El libro de esta italiana contiene reflexiones que alimentan ¡y de qué manera! la prepotencia machista. Algunas de estas reflexiones podrían pasar a la historia dentro de la antología del disparate. Vean ustedes:

No somos iguales a los hombres; no reconocerlo solo trae sufrimiento”.

El feminismo fue una primavera; tomó el camino equivocado”.

La mujer lleva la obediencia en su interior”.

Cuando tu marido te dice algo le debes escuchar como si fuera Dios el que te habla”.

Tu marido es un santo que te soporta a pesar de todo. Si algo de él no te parece bien, con quien tienes que hablar es con Dios”.

Echo de menos aquellos tiempos en que los maridos aparecían solamente a la hora justa, preguntando ¿qué hay de comer?”.

Estos contenidos se agravan por la circunstancia de ser una mujer quien lo escribe. Un servidor podría estar escribiendo cosas acerca de estas majaderías reaccionarias “hasta el amanecer”, pero creo que no hace falta; el contenido machista que encierran es bien evidente.

Lamentablemente “el efecto machista” no se queda solo en actitudes, comentarios y escritos más o menos pintorescos o ridículos. El título que he puesto a este breve trabajo, “MACHISMO, GERMEN DE VIOLENCIA”, lo he pensado a conciencia, porque, en efecto, el machismo convierte al hombre en un inmisericorde amo que pretende esclavizar a la mujer, hasta convertirla en un objeto con el que puede hacer lo que le venga en gana, y de aquí a la agresión (incluido el asesinato) cuando ese “objeto” ya no sirve y no se adecúa a sus expectativas hay solo un paso; un paso más tenue de lo que se pudiera pensar. De modo que esos hombres que llevan impreso o internalizado aquello tan terrible de la maté porque era mía, actúan movidos por esa necesidad enfermiza de adueñarse de la mujer en vez de compartir con ella. Quieren ser sus amos, no sus compañeros; quieren vencer, no amar.

Los resultados más alarmantes y dramáticos de todo esto que digo son los que nos traen los medios de comunicación año tras año, cuando hacen el “suma y sigue” de los resultados de la violencia de género (o “violencia doméstica” según lo expresan otros). No hay año en que no haya solo en Euskadi ¡4.000 denuncias por violencia de género! Y en el Estado español cuando menos entre 50-60 asesinatos de mujeres cada año (700 en los diez últimos años, según recientes datos) a manos de sus compañeros o maridos. A esta cifra trágica hay que añadir la de los niños que mueren en este contexto de la llamada violencia de género. Durante 2013 han sido cinco menores las víctimas inocentes de estos bárbaros que, no satisfechos con violentar y agredir a sus compañeras, matan a criaturas en su sádico intento de hacer el mayor daño posible a éstas mujeres ¡y a fe que lo consiguen!

Estos bárbaros malvados son los responsables directos de estos crímenes, siendo castigados con las sanciones que contempla la ley, obviamente. Pero hay otros responsables: existen también responsabilidades políticas e ideológicas en manos de aquellos que ostentan cargos públicos y/o políticos y que proponen (o dejan de proponer) iniciativas que atañen a la igualdad de la mujer en derechos y obligaciones, y que han de mirar con lupa todas aquellas disposiciones (leyes, decretos, reglamentos) que, por acción u omisión, pudieran menoscabar la igualdad de géneros. ¿Por qué aún persisten circunstancias laborales que consienten peor salario para el mismo trabajo cuando se es mujer? ¿Por qué, en pleno siglo XXI, hay sociedades en Euskadi que no permiten la entrada a mujeres?

Podría seguir con más ejemplos discriminatorios, pero ahora deseo mejor tocar “el ejemplo de los ejemplos” y que está de rabiosa actualidad: el Anteproyecto de Ley del Aborto, popularmente conocida como “Ley Gallardón”, que vuelve a tratar a las mujeres como seres inferiores en lo referente a sus derechos básicos y capacidad de decisión. Una ley que, además, impregna de rancia moralina todo el asunto del sexo por aquello de “la que lo hace que pague las consecuencias”.

Me pregunto hasta cuándo estarán los derechos de la mujer pendientes de la moralina de los obispos y determinados gobernantes.

Por fortuna, y dentro de lo que estamos sufriendo con esta crisis, no deja de ser un enorme consuelo comprobar el coraje con que nuestra sociedad está respondiendo a los intentos de retroceder a las cavernas reaccionarias franquistas, aunque de vez en cuando algunos políticos nos sorprendan con actuaciones y declaraciones deplorables de corte machista que ponen la carne de gallina y causan sonrojo: no hace mucho el alcalde de una importante ciudad castellana (creo que era Valladolid) decía de una Ministra de Sanidad lo siguiente: “es una chica preparadísima, hábil y discreta; va repartiendo condones a diestro y siniestro y va a ser la alegría de la huerta. Vamos, que cada vez que veo esa cara y esos morritos pienso lo mismo, pero no lo voy a decir…”¡Ahí queda eso!

No contento con esto, el mismo alcalde decía de Carme Chacón (a la sazón Ministra del Ejército): “es una señorita Pepis vestida de soldado” ¡Toma ya! Pero el alcalde prosigue con más disparates. Vean la joya que exhibe cuando un periodista le pregunta sobre las políticas de igualdad de la mujer: “no creo en las paridades; me parecen paridas” ¡Qué imaginativo, oiga!

Pues si esto es lo que piensan nuestros recios y viriles gobernantes sobre la mujer, andamos listos.

En fin, prefiero pensar en clave optimista y entender que estos zoquetes están en vías de extinción.

¡Que así sea!

LOS NIÑOS TAMBIÉN VAN AL INFIERNO, por Julio García Llopis en Ediciones Atlantis

LOS NIÑOS TAMBIÉN VAN AL INFIERNO, por Julio García Llopis en Ediciones Atlantis

LOS NIÑOS TAMBIÉN VAN AL INFIERNO

Julio García Llopis

Me llamo Wanda. Es un nombre de película, o de pez, porque mis padres se conocieron en el cine del barrio donde daban ´Un pez llamado Wanda` y, al nacer yo, pensaron que sería bonito llamarme así.

A mis nueve años recién cumplidos sé tanto de la vida como una persona mayor. He visto cosas, he oído cosas de las que otras niñas no tienen la más remota idea;el sexo, por ejemplo.

Samanta, mi compañera de clase, dice que cuando besas a un chico te quedas preñada; algo que se encuentra en la saliva y, según los días del mes, te embaraza. No tiene ni idea. Yo he visto a papá y mamá desnudos, retorciéndose sobre la cama como si se estuvieran haciendo daño, pero, en realidad, procurando que la cosa de papá entre en la de mamá, y así ´copulan`; una palabra que he buscado en el diccionario y significa “unirse o juntarse sexualmente”.

Papá es un hombre guapo; alto, moreno y con los ojos tirando a verdes. Mamá es más baja, con un cutis suave y una cabellera que le llega casi hasta la cintura. Hacen buena pareja. Antes, cuando se querían más y los sábados se iban a bailar a esa sala de fiestas latina llamada ´Cachito`, a dos manzanas de mi escuela, los dos pasaban mucho tiempo en el cuarto de baño y se vestían muy elegantes, y mamá se ponía unos zapatos de tacón alto que a mí me gustaban mucho.

-Pareces una princesa, mami-le decía yo.

Ella me abrazaba y me besaba en la frente y en el cuello. Olía a perfume de rosas, igual que huele el jardín de la tía Marta cuando, en verano, vamos al pueblo a visitarla.

Tía Marta, la hermana de mamá, vive cerca del mar, en una casita con porche y escaleritas empinadas que bajan hasta la playa.Hay también un bote de madera, desarmado por la fuerza de las olas y lleno de verdín en el que, según parece, su marido, mi tío, a quien no conozco, salía a pescar. Un día se fue. Alguna vez las oí cuchichear en la cocina, llanto de tía Marta y palabras de cariño de mamá: “Esas cosas pasan. Nadie sabe por qué, pero pasan”. “Me dejó por una mujer más joven…”“Consuélate pensando que no tuvisteis hijos y no los has visto sufrir.” Yo escuchaba y sacaba conclusiones de esas palabras. Conocía el significado de ´separación`, ´divorcio` e incluso ´ruptura`, aunque no lograba entender las razones por las que alguien decide irse sin más, olvidándose de las cosas buenas y malas pasadas junto a la persona con la que se había casado. Debió ocurrir antes de nacer yo, cuando la barca era nueva y la casa tenía un aspecto menos triste, a pesar de los rosales blancos, rojos y amarillos del jardín.

He empezado a ir a la catequesis. En mayo haré la comunión, con Samanta y otros niños de la escuela. Nos enseñan a rezar el credo y el padrenuestro y nos hablan de cómo debemos comportarnos para que Jesús nos encuentre puros al entrar por primera vez en nosotros dentro de la hostia. La palabra ´entrar` me hace recordar, sin querer, lo que he visto hacer a papá y mamá y me muero de vergüenza al pensarlo.

La catequista nos pide que seamos buenos, obedezcamos a nuestros padres y a nuestros maestros y preparemos nuestras almas para el gran día. Nos advierte de que el diablo estará alerta, intentando apartarnos del camino recto. El diablo es el rey del infierno, el lugar al que van las personas malas cuando mueren. “Jesusito de mi vida eres niño como yo, por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. Tómalo, tómalo, tuyo es y mío no”, rezo cada noche antes de acostarme.

-¿Cómo es el infierno, señorita?

-Grande, muy grande, lleno de pecadores que lloran, gimen y piden compasión. Tiene lagos de lava hirviente y también enormes piscinas heladas. Los condenados van de un sitio a otro para toda la eternidad. Tan pronto se queman vivos como se congelan hasta que sus huesos parecen de cristal.

Al escucharla, yo añadía a esa descripción otras torturas inventadas: una máquina que estiraba brazos y piernas hasta romperlos, un tridente con afilados pinchos, un dragón que escupía fuego sobre los malvados…

-¿Los niños van también al infierno?

-No mientras sigan siendo inocentes y sus actos carezcan de premeditación.

De mayor, quiero ser escritora. Me gustaría escribir cosas sobre lo que le pasa a la gente, sobre lo que piensan y sienten. Viviría en una casita parecida a la de tía Marta, con muchas rosas, un porche y un perro grande que se tumbara a mi lado. Sería famosa y saldría por televisión, aunque no demasiado porque los escritores necesitan trabajar en silencio y sin público.

El año pasado gané un concurso de redacción. “Tu mundo” era el tema que teníamos que desarrollar. Conté en cuatro hojas de cuaderno cómo me sentía cada mañana al despertarme, cuando el olor al café que prepara mamá se colaba por debajo de la puerta y escuchaba canturrear a mi padre al afeitarse, Todo me parecía nuevo, a estrenar, incluso el uniforme que casi había perdido su color a fuerza de lavarlo. Ir al colegio suponía una aventura, no una obligación. Cada cosa que aprendía allí se sumaba a la pirámide de otras cosas ya aprendidas, igual que las piezas en el juego del tetrix. Llegaría un momento en que pasar de nivel no supondría esfuerzo alguno y entendería todo lo que ahora me costaba tanto esfuerzo comprender: ¿Por qué hay guerras? ¿Qué pasa cuando alguien se muere? ¿Quién tiene la culpa de que muchos niños pasen hambre?

-No siempre encontrarás respuesta a tus preguntas-me solía explicar mamá mientras me cepillaba el pelo-.Las mujeres somos más intuitivas que los hombres, pero eso no significa que lo sepamos todo. A veces te quedarán lagunas en el cerebro, pequeños agujeros negros que bloquearán cualquier intento de encontrar explicación a lo que sucede a tu alrededor. Si te ocurre eso alguna vez, piensa que solo somos pequeños granos de arena en comparación con la inmensidad del universo donde un día Dios plantó la semilla del planeta Tierra.

Mamá va a misa todos los domingos. Papá, no. Se ríe de mamá diciéndole que se come a los santos por los pies, lo que significa que cumple con todo lo que manda la iglesia, incluso lo del ayuno por cuaresma. Yo estoy obligada a ello porque voy a hacer mi primera comunión, pero no me gusta el olor a incienso, ni la voz del cura desde el púlpito contando siempre las mismas cosas. Tal vez, como dice la catequista, me falta fe, de la que me llenaré, asegura, cuando coma el cuerpo de Cristo.

-Tener fe implica ser tocado por el dedo de Dios, aceptar sin vacilaciones lo que la Biblia nos ha revelado.

El primer síntoma de que algo les ocurría a papá y mamá fue una discusión muy fuerte en la cocina después de las fiestas de Navidad. Papá había vuelta a casa de madrugada, haciendo mucho ruido, tropezando con los muebles y blasfemando; palabras que no puedo repetir si no quiero que el diablo se apodere de mi alma antes de recibir la gracia. Mamá le decía que estaba borracho y me iba a despertar, y él le contestaba que le importaba un carajo, que ya era hora de poner los puntos sobre las íes: “Ni siquiera puedo tomar un trago cuando lo necesito. Tú solo te preocupas por la niña, y los demás no contamos para ti. ¿Te acuerdas de la última vez que hicimos el amor? Siempre te duele la cabeza, o pones excusas para evitarlo…”

Mamá sollozaba, contestando que hacía lo posible por complacerle.Últimamente no se encontraba demasiado bien, pero estaba convencida de que pasaría pronto y todo volvería a ser como antes.

Agazapada en el hueco de la escalera,mi cabeza era un hervidero de ideas. Papá había bebido. Sin embargo, el motivo real de su pela tenía que ver con aquellos abrazos tan fuertes que hacía tiempo ya no se daban. Era cierto entonces que el sexo, lo que hacía diferentes a hombres y mujeres, importaba más de lo que parecía. Aunque la catequista apenas hablaba de ello, preocupada en especial por cómo debíamos actuar y movernos durante la ceremonia, el cura de la parroquia lo mencionaba siempre en los ensayos de confesión.

-¿Has tenido pensamientos impuros? ¿Te tocas o juegas a tocarte con otros niños o niñas?

Sucio, feo, impuro, desagradable a los ojos de Dios: pecado. Sin embargo, en las series de televisión o en algunas películas que conseguía ver si no estaba mamá delante,las chicas dejaban que los chicos se lo hiciesen y no parecían disgustadas sino contentas. Lo mismo ocurría en una revista que papá ocultaba en su mesa de trabajo, cuyo cajón olvidaba a veces cerrar con llave.

Saqué la conclusión de que a los mayores no les preocupaban demasiado las consecuencias de sus actos, acogiéndose a lo que llamaban el ´libre albedrio`, o seala posibilidad de tomar libremente cualquier decisión, aunque fuera mala. En cambio los niños no lo tenían; se nos protegía para evitar que acabáramos en las piscinas de lava hirviendo o los estanques helados del infierno.

La segunda vez que ocurrió, yo acababa de regresar del colegio, contenta por haber sacado un ocho en la evaluación de matemáticas.Llamé al timbre y, al no contestarme nadie, entré con mi llave.Todo estaba en silencio, pero, de pronto, en el dormitorio de papá y mamásonaron fuertes golpes, gritos y una especie de aullido, como el de un perro enfermo.

Me acerqué temblando de miedo. Papá gritaba a mamá que iba a dejarle la cara tan destrozada que no querría volver a salir a la calle. Mamá pedía perdón, suplicaba que no le hiciera daño. Repetía que la persona con quien la había visto solo era un compañero de oficina; tomaban café en un bar, nada más. Jamás se le ocurriría engañarle, se lo juraba por su hija.

Entonces abrí la puerta y les vi. Mamá estaba tumbada en el suelo, al pie de la cama. Papá se inclinaba sobre ella, con el puño levantado, dispuesto a golpearla. Chillé y chillé hasta que empezó a faltarme el aire. Me desmayé.

Cuando desperté, papá y mamá me miraban con preocupación. Estaba tumbada en el sofá, tapada con una manta. Les había dado un buen susto, dijeron.No había rastro de enfado en sus caras, como si nada hubiese sucedido, y salvo los ojos un poco enrojecidos de mamá nada permitía imaginar la riña que acababan de mantener. ¿Hasta dónde podía llegar la falsedad de los adultos?, pensé. Si yo discutía con alguien no volvía a hablarle en varios días, o nunca.

-¿Por qué os peleabais?-pregunté.

-Es algo natural entre las parejas-me sonrió papá, y aunque busqué su mirada no encontré en ella rastros de mentira.

Por la noche volví a oírles, pero esta vez se trataba de risitas, suspiros y jadeos; lo que solían hacer cuando se abrazaban. Me sentía desconcertada. Creía que lo sabía todo sobre mis padres y me daba cuenta de que, en realidad, eran unos perfectos desconocidos, capaces de comportarse de manera diferente según la ocasión.

Se acercaba el gran día. Fui con mamá a encargar el vestido, con el que parecía una novia bajita. Disfrutamos juntas haciendo compras y comiendo luego una hamburguesa en uno de los establecimientos del centro comercial. Volví a preguntarle por qué papá la pegaba y ella me habló del enfado de los enamorados; una especie de salto del amor al odio que carecía de interpretación racional. En la televisión mencionaban con frecuencia la violencia de género y un número de teléfono al que había que llamar cuando se producía, así que quise saber si lo ocurrido entre ellos se consideraba violencia. Torció la cabeza: “Sí y no. En el matrimonio hay momentos buenos y malos, y una mujer tiene que aguantar muchas veces el malhumor de su esposo y aceptar con resignación lo que venga”. Algo me indicaba no obstante que, pese a sus palabras las cosas no tenían por qué ser así. Nadie podía hacer daño a una persona más débil sin sufrir un castigo, lo que justificaría la existencia de un infierno reservado a quienes se comportaban mal con sus semejantes.

Cuando el vestido llegó, mamá lo puso en un armazón de costura para efectuar algunos arreglos; le gustaba que todo fuera perfecto. Cada vez que pasaba por la salita, yo acariciaba aquel tejido tan suave, admirando su blancura. Desfilaría por el pasillo, camino del altar, y todos se quedarían con la boca abierta: Wanda, más hermosa que los lirios de mayo sobre el manto de la Virgen.

Los portazos son premonitorios. A las seis de la tarde sonóuno y papá irrumpió en la sala dando tumbos, borracho otra vez. Mamá le dijo que se fuera, que estaba poniendo a punto mi ropa y, sin hacerle caso, él se le echó encima. La llamaba puta, ramera y mala mujer. La acusaba de acostarse con todos los hombres de la oficina donde trabajaba por las mañanas, asegurando que tenía pruebas de su infidelidad.

Mamá tropezó con la mesa, derribando el armazón. Mi padre empezó a zarandearla y a golpearla con el canto de la mano hasta que de su nariz manaron dos caños de sangre. El vestido, mi bonito vestido de Primera Comunión, quedó teñido de rojo.

Se puede perder la inocencia de la noche a la mañana. Yo la perdí en aquel momento, antes siquiera de haber recibido a Jesús. Cogí el atizador del fuego y golpeé con fuerza la espalda de mi padre.

-¡Marica cabrón¡-le gritaba, utilizando un repertorio de insultos que había aprendido de los chicos de la escuela- ¡Desgraciado hijo de puta!

Al volver la cabeza hacia mí, el hierro se clavó en su ojo derecho, que perdió brillo y empezó a supurar un líquido verdoso. Su rostro se descompuso a causa de la sorpresa y el dolor.

-¿Por qué me has hecho esto, Wanda? –balbuceó-.Sabes que te quiero…

Yo seguí presionando, retorciendo la punta del pincho en una cuenca que empezaba a vaciarse.

-Los niños-dije, extrañamente calmada-también vamos al infierno…

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Feria del Libro de Madrid: Ediciones Atlantis

Feria del Libro de Madrid: Ediciones Atlantis en la Caseta 358 de Librería Salamanca.

A continuación te mostramos el horario donde los escritores que han publicado con Ediciones Atlantis firmarán sus obras. Será en el Parque del Retiro.

 

 

Viernes 27 de mayo de 2016
18:00 – 19:30 Santiago Solano Grande EL YO DIGITAL DE ELÍAS QUIMEY Y OTRAS HISTORIAS INVEROSÍMILES
Carmen García-Comendador LADRONES DE ARENA
19:30 – 21:00 Carmen Fabre PEQUEÑOS GIGANTES
David Gutiérrez García HABITANTES
Sábado 28 de mayo de 2016
11:00 – 12:30 F. J. Alonso Holguín SENDA DE LEALTAD
Gabriel Monte Vado EN LA BOCA DEL LEÓN
12:30 – 14:30 Luis Eduardo Aute EL CIELO EN TUS MANOS VOL 1 / POESÍA AMIGA Y OTROS POEMIGAS PARA AUTE
José Cabrera EL CIELO EN TUS MANOS VOL. 1 / ÉBOLA / COLECCIÓN CSI
18:00 – 19:30 Manolo Royo LO MÁS TUIT
David Gutiérrez TU COLOR
19:30 – 21:00 Ignacio Martín Sequeros PEKENIKES. SU AUTÉNTICA HISTORIA
Félix Arribas VIDA GRIS
Domingo 29 de mayo de 2016
11:30 – 13:00 Manena Munar SOL DE INVIERNO
13:00 – 14:30 Antonio Castillo CERCLE. LAS PUERTAS DE TOLEDO
18:00 – 19:30 Mamen Gargallo Guil ENCRUCIJADAS
J. M. Rodríguez UN PROFUNDO TRANCE
19:30 – 21:00 Miguel Ángel Garcimartín LA VERDADERA Y FATAL HISTORIA DE LA FAMILIA URRETA
Iván Albarracín LAS CRÓNICAS DE LA CIUDAD EN LLAMAS I: EL UNIVERSO DORMIDO
Martes, 31 de mayo de 2016
19:00 – 21:00 Mónica Gallego Hernando COSAS DE LA VIDA / SÍMBOLOS Y MUERTES OCULTAS
Carmen Murguía EL CÍRCULO SAGRADO
Miércoles, 1 de junio de 2016
18:00 – 19:30 Daniel López-Serrano RELATOS DE LA GRAN GUERRA
19:30 – 21:00 Álvaro Moreno Setién ADVENIMIENTO
Eugenio Piñeiro Mejuto EL HERALDO DEL CAOS
Jueves, 2 de junio de 2016
18:00 – 19:30 Elías Fernández Jaime LA HORA DE LAS SONÁMBULAS
19:30 – 21:00 José Luis Varea Serrano PROYECTO VERDAD. REVELACIÓN
Sandra Barroso ESTIRPE. EL NACIMIENTO DE EVA
Viernes, 3 de junio de 2016
12:00 – 14:00 Mara Nefill EL CORAZÓN DE LAS LUCIÉRNAGAS
18:00 – 19:30 Julio Ruiz Melero CUANDO LOS REYES MIRABAN AL MAR
Juan José Calvo de Miguel TRAS LAS PUERTAS DEL CIELO
19:30 – 21:00 Ernesto Goñi Montero ANTES DE QUE EL SOL SE APAGUE
Ana Díaz Álvarez LEYENDAS DE ELVIA. EXPEDIENTE CORSO
Domingo, 5 Junio de 2016
11:00 – 12:30 José Urruchi Ortiz LA ESTELA DE MI VIDA
12:30 – 14:30 David Gutiérrez TU COLOR
Pablo García Barberá LA FLOR DE NÎSSER: UN BRAVO Y UN SOÑADOR
18:00   – 19:30 Leticia S. Murga y Elsa Lacruz LA FORJA DE LA PROFECÍA
Carmen Baena EL CIELO EN TUS MANOS VOL. 1
19:30 – 21:00 Carlos Cué UNA LUZ DEL MÁS ALLÁ
Martes, 7 Junio de 2016
19:00 – 21:00 Ana Enríquez TÚ ESTARÁS CONMIGO
Prudencio Salces BARCELONA JOYCE
Miércoles, 8 Junio de 2016
19:00 – 21:00 Esther Chinarro NOMBRES DE MUJER
Emy Lázaro BREVERÍAS
Jueves, 9 Junio de 2016
18:00 – 19:30 Ana Chacón GERLUNI
Sofía Meler TRAS LAS HUELLAS DEL VOYNICH
19:30 – 21:00 Manuel Caldas Castro y Marta Santos García SCOTTY HAGGIS: EN LOS JUEGOS DE RÍO DE JANEIRO
Viernes, 10 Junio de 2016
11:30 – 13:00 Alejandro Ruiz Lara GÉNESIS Y LAS CINCO ARCAS
13:00 – 14:30 Andrés Vázque Mariscal EL REY HECHIZADO
18:00 – 19:30 Ramón Aguirre EL PUEBLO DE NILYAÉ
Isaías Ayuso Reyeros 18’. LA HISTORIA OCULTA DEL BUQUE LUSITANIA
19:30 – 21:00 Luis Prados de la Plaza LA GLORIA DE LA LITERATURA SE PASEA POR MADRID
Francisco Po Egea TRAS LA ESTELA DE LAS MONTAÑAS VOLADORAS
Sábado, 11 Junio de 2016
12:00 – 14:00 Manolo Royo LO MÁS TUIT
José Ramón Vera Torres AUTOCOMPASIÓN DE UN TONTO CON SUERTE
18:00 – 19.30 Javier Espinosa LA PUERTA DE PETER PAN
19.30 – 21:00 César de la Lama PERSONAJES QUE HACEN ÉPOCA
J.D. Álvarez CRÓNICAS DE UN PADRE PRIMERIZO
Domingo, 12 Junio de 2016
17:30 – 19:30 Luis Eduardo Aute EL CIELO EN TUS MANOS VOL 1 / POESÍA AMIGA Y OTROS POEMIGAS PARA AUTE
19:30 – 21:00 Pablo Mellado PROHIBIDO PREGUNTAR
Manuel Fernando Estévez Goytre LA SANGRE SOBRE LAS AZUCENAS

Ignacio Marín Sequeros opina sobre Ediciones Atlantis

Mi opinión sobre Ediciones Atlantis, por Ignacio Martín Sequeros (cofundador del grupo “Pekenikes”)

Tras más de 400 artículos publicados en varias revistas profesionales de la música y nuevas tecnologías (nuevos instrumentos electrónicos, aparatos de efectos y de control para ellos, informática-musical, etc.) y sobre todo últimamente en http://www.ispmusica.com/, decidí crear un libro para contar la historia y pormenores de mi grupo musical del que he sido co-fundador y ahora el único de sus miembros que aún permanece en esa formación. Tras ver a otras tres editoriales interesadas también por el asunto, contacté con “Jota” de EDICIONES ATLANTIS y desde ese momento, fue como un flechazo.

Al poco tiempo ya sacamos a la luz el libro autobiográfico “PEKENIKES, SU AUTÉNTICA HISTORIA” que en poco tiempo conseguimos llegar ya a su segunda edición y aún siguen dándome muy buenas satisfacciones sus presentaciones, su demanda y la buenísima acogida por los lectores.

foto Ignacio Martín Sequeros Pekenikes

Mis relaciones con ATLANTIS, han seguido siendo muy entrañables y continuas. “Jota” ha pasado de ser un potente profesional de esos medios, a un agradable amigo con quien mantengo largas charlas de esos y otros temas que nada tienen que ver con su trabajo, pero que siguen siendo también entrañables.

Me consta que el editor de Atlantis pone sus 24 horas intensamente en sacar a flote la empresa, cuando estamos en momentos tan difíciles para conseguir tal hazaña en este país y cuando tantos otros de sus colegas, hace tiempo que ya tiraron la toalla (desgraciadamente en gran cantidad…). Nunca he tenido con ellos algún tipo de discusión por los temas económicos con respecto a ese libro. Acabo de participar en otro libro llamado “EL CIELO EN TUS MANOS”, una Antología de reciente aparición, en el que participamos con diferentes relatos varios de los escritores que ya están integrados “y hermanados” con ATLANTIS. El mío se hace titular ahí “UN ALMA VIAJANDO POR LA CUARTA DIMENSIÓN” que consta en ese libro con 20 de sus páginas y que realmente constituye una historia de CIENCIA-FICCIÓN que he creado y que viene a ser la primera parte, de otra segunda que enlazará con esa y ya constituirá un libro individualizado, con más temas y personajes, centrados en esa misma fantasía de la que solo aspiro a que lo disfrute alegremente el lector y que con ello pase un rato agradable, como me está sucediendo al redactarlo. Lo tengo ya muy avanzado y espero que muy pronto vea la luz, por supuesto a través de EDICIONES ATLANTIS. ¿Dónde mejor? Deseo que esta Editorial se mantenga en la cresta ascendente, entre otras cosas, porque creo que seguirá siendo una buena plataforma para estos y otros posibles futuros trabajos. Un abrazote para todos de IGNACIO MARTIN SEQUEROS.

Antonio Castillo: “Ediciones Atlantis”, ese pequeño gigante

Antonio Castillo: “Ediciones Atlantis”, ese pequeño gigante

 

¿Ediciones Atlantis? Para mi no hay otra. Conocí la empresa en el año 2004 ó 2005, cuando andaba buscando editor para mi primera novela, “Cercle. Al otro lado de los Pirineos”. Ya no me acuerdo como di con ella, supongo que a través de Internet, que ya por aquellos años hacía sus pinitos, y desde luego no fue la única que visité. Me acerqué a unas cuantas, tampoco muchas, de las que había entonces en Madrid especializadas en publicar a noveles, pero esta fue la que más me gustó. Descarté de entrada a las grandes editoriales pues había leído muchas cosas negativas de ellas, como esa de que la mayor parte de los manuscritos van a un cajón del que ya no vuelven a salir si no es para ser plagiados. No sé si será del todo cierto, pero cuento con el testimonio de un pariente próximo para saber de primera mano que algo hay de ello.

La editorial que luego resultaría elegida era muy chiquitita por aquel tiempo; disponía de un diminuto local, apenas un empleado visible aparte del editor, y habría publicado a lo sumo docena y media de títulos, hoy creo que suma más de seiscientos si no me equivoco. Calculo que llevaría un año de rodaje o poco más.

Pues me encantó, tenía un no se qué muy prometedor, aparte de la amabilidad del editor, J, al que muchos supongo conocéis, y su empleado, por entonces un tal Pablo. Hasta su logotipo me encandilaba.

Inmediatamente resolví confiarle a él mi “criatura”. Ya sabéis de lo que hablo, ese hijo, o hija, fruto de nuestros desvelos creativos, esa obra que, sobre todo al principio, consideramos la mejor del mundo, y no sin razón porque lo es. Cualquier obra humana de carácter artístico es única y merecedora del mayor de los respetos y admiraciones, tanto del propio autor, como de todos los demás miembros de la especie humana. Sí, yo estaba, y sigo estándolo, completamente enamorado de mi obra; no en el mismo sentido que de mi pareja, por supuesto, pero en otro parecidamente intenso.

Desde el momento en que tomé mi decisión, me alejé definitivamente de las otras editoriales pequeñas visitadas, como dije no muchas, y me concentré en tratar de conseguir los favores de aquel empresario. Estaba seguro de que mi novela merecía la pena y de que además ese joven editor apostaba fuertemente por los autores noveles. Y no me equivoqué.

 

Antonio Castillo

Contraprestaciones las había entonces, como las hay en todas las editoriales del mundo, grandes y pequeñas, no os dejéis engañar, pocos autores os van a confesar que han pactado de algún modo con el editor, pero pactan. Quitemos seguramente a los personajes mediáticos del tipo que sea y los fuera de serie con prestigio reconocido, que son exactamente unos cuarenta en este país (escriben bien varios miles, no lo olvidéis).

Mi primer libro se publicó en el 2007 y tarde un tiempo en librarme del mis sueños de grandeza, pero acabé despertándome, el éxito no llegaba y tampoco las merecidas y apetecidas ganancias. Sufrí un desencanto como escritor, aunque nunca achaque el fracaso a mi obra, era buena, muy buena, y sí estuve tentado de culpar a la editorial, pero con el tiempo me di cuenta de que esta funcionaba aceptablemente bien, como cualquier otra, o hasta mejor que muchas, lo que fallaba era el mercado.

Mi libro no se vendía, y por tanto prácticamente nada me podía liquidar la editorial, porque la gente, para empezar no leía ni lee, y los que leían y leen, que son minoría, lo hacían y hacen siguiendo los dictados, entiéndase títulos recomendados mediante poderosa publicidad, del poder económico y empresarial, asociado por supuesto con las grandes editoriales, las mismas que copaban ese mercado e impedían por ejemplo que mis novelas o las de mis compañeros estuvieran en la mesa de novedades de las librerías importantes.

Y luego el panorama empeoró, con la llegada de la crisis (de esta crisis perfectamente diseñada), porque incluso la gente que leía dejó de comprar libros, era más llevadero sacarlos de la biblioteca o, por qué no, piratearlos.

Visto lo visto, y que la mayoría de los escritores estamos condenados a la inanición, no a causa de que nuestra obra sea peor que la de los dichosos privilegiados que triunfan, me alegro por ellos, sino porque el ahorro en el capítulo de publicidad y el mejor control de las mentes por parte del poder, requiere una unificación de la oferta, una reducción de títulos y de autores. “¡Por favor, todo el mundo tiene que leer a este autor, que como ya es conocido no tengo que divulgar, y este preciso título, pues si hago cien mil gano más por unidad que si hago solo mil de cada. En fin, el sistema Ford aplicado a la cultura y al arte.

Pero no sé que hago contándoos todo esto que ya sabéis de sobra, volvamos a Atlantis. Amo a mi editorial, la que publicó mis queridas novelas, precisamente por esto, no porque me haya compensado económicamente mi esfuerzo-no ha podido hacerlo aunque sin duda sus gestores hubieran deseado cubrirme de oro- sino por que me ha proporcionado la ocasión de convertirme en escritor, en escritor consagrado, con títulos publicados y distribuidos, más o menos, por toda España, y custodiados en las más importantes bibliotecas del estado, empezando por la Nacional. Porque me ha premiado con un importante galardón literario; porque me ha dado la oportunidad de codearme con otros buenos escritores, incluso de merecido renombre, y aportar mis textos a varias antologías de relatos cortos, alguna traducida a otros idiomas, a las que concurrí con ellos. Hablo nada menos que de Espido Freire, Rafael Reig, Ouka Leele, Luis Eduardo Aute, Rocio Tizón, Emilio Porta, José Cabrera, Eugenia Rico, Gabriel Monte Vado, Victoria Vázquez, José Vaccaro, Borja Castellano, Carmen Baena, Alonso Holguín F.J. o Javier Alcayna, etc, por citar solo unos pocos del impresionante elenco de escritores relacionados de alguna manera con Ediciones Atlantis.

Yo recomiendo a cualquier escritor novel, y también a los ya consagrados, que, por supuesto poniendo antes los pies en la tierra respecto a lo que esperan alcanzar, confíen sus obras a esta editorial. Creo que, por poco que pongan de su parte, no quedarán defraudados. Ahora bien, no nos olvidemos de que con la crisis de por medio es muy difícil, cada vez más, llegar a buen puerto, sin embargo seguramente disfrutarán del viaje.

“MI VERGÜENZA”, de Angelique Pfitzner, para Antología “Golpe a la Violencia de Género” (Cataluña) de Ediciones Atlantis

“MI VERGÜENZA”, de Angelique Pfitzner, para Antología “Golpe a la Violencia de Género” (Cataluña) de Ediciones Atlantis

La escritora Angelique Pfitzner comparte el relato “Mi vergüenza” para Antología “Golpe a la Violencia de Género” (Cataluña) de Ediciones Atlantis. Es la contribución de ambas partes, dentro de una confianza mutua, a la sociedad para intentar luchar contra la Violencia de Género que nos acecha cada día en España.

 

Angelique Pfitzner

MI VERGÜENZA

Angelique Pfitzner

Mi nombre. ¿Qué importa? Si soy el primero que quiero olvidarlo.

Mi condición ¿Qué relevancia tiene? Si jamás fui capaz de ser mejor persona.

Mis años.¿Qué más dan? Si solo ansío borrar el macabro tictac del reloj. Los crueles pasos que avancé en el camino de mi vida.

Mi conducta.Ojalá pudiera cambiarla

La violencia tatuada en la piel de mi mujer es la huella imborrable de mis actos.

Surcos profundos de maltrato y dolor en el alma de la persona que un día me amó.

Soy un ser miserable.Un parásito de la sociedad que no merece piedad, perdón.

Soy aquello que jamás imaginé. Convertí la existencia de mi amada, nuestro matrimonio, nuestros esperanzados sueños en polvo, en una condena, un calvario, un infierno imposible de escapar. Sus ojos llevan escritos infinitas lágrimas de impotencia, angustia miedo. Su cuerpo marcadas cicatrices, selladas perennes en reiteradas palizas. Su corazón, de mis manos, mil puñales yacen clavados.

Mi historia. No justifica mi vergüenza.

10:45 hrs. Sentado sobre la taza del váter frente al espejo retenido entre mis dedos contemplo mi asqueroso rostro.Más no quiero verme.

Huérfano de madre, a los siete años quedamos bajo la tutela de mi padre. Agria infancia la nuestra.

El pasado me marcó en carne bajo el yugo del puño cerrado de aquel bastardo, lesiones psíquicas, emocionales. Lleno de sangre por culpa de los nudillos de sus puños golpeándome una y otra vez hasta caer exhausto y sin sentido, así evité la violencia sobre Samuel y Daniel, mis dos hermanos pequeños.

Sin embargo no aprendí nada. Con el paso del tiempo me volví como él. ¡NO! ¡MUCHO PEOR QUE ÉL!

Su ira me envenenó pordentro convirtiéndome en una fiera salvaje. Crecí lleno de rabia contenida grabada en la retina demis ojos y una sola idea metida en la cabeza.

A los trece años harto de humillaciones y carente de sentimientos entré en el correccional de menores, no sin antes vengarme de ese mal nacido con su propia moneda de cambio. Esperaba mi momento. Mi oportunidad.

Después de varios juicios, la batalla legal de mis abuelos maternos solicitando la custodia de Samuel y Daniel había dictado sentencia. No volverían con su padre. La juez les ofrecía una ventana abierta a un nuevo hogar. A mí la libertad entre rejas. Nunca más volví a saber de ellos.

En la cárcel esperé paciente mi juicio por asesinato. Los abogados presentaron testimonios y alegaron las suficientes pruebas para demostrar ante el supremo una ofuscación mental producida por el continuo maltrato físico. Cinco años en régimen cerrado prometían una perfecta rehabilitación y reinserción social.

No sirvió para nada. En prisión me enseñaron a pelear. No mostrar compasión y ser implacable con los débiles. Salí de allí dentro sin valores morales, convencido de mi superioridad y odiando a mi madre muerta por habernos abandonado.

10:48 hrs. Aquí sigo sentado sin poder contener las lágrimas. Triste amor muerto. Vacío futuro. Lloro arrepentido cuando pienso en Marian. En mi amada Marian que tantas veces me ofreció ayuda y yo ciego iluso no quise aceptar. Hasta que la perdí.

No imaginé llegar a agredir a una mujer, aplicar todo tipo de vejaciones, hematomas. ¡Dios mío! ¿Cómo he podido ser tan cabrón?

Tres semanas después de vagar por las calles y apurar las últimas bocanadas de humo de los encendidos cigarrillos abandonados en las puertas del metro, alguien me ofreció un pitillo.

¿Te apetece uno?

Alcé la mirada y me enamoré.

Gracias –contesté, mientras contemplaba una cajetilla abierta de Marlboro.

Con los dedos temblorosos alargué mi mano y cogí uno.

A ver… Espera…. Un momento…

Acto seguido aquella chica metió su fina mano en el bolsillo lateral de su desgastada chaqueta tejana y sacó un mechero.

Toma. Un regalo.

Asombrado no dejaba de cuestionarme qué diablos buscaba de mí. Nadie en su sano juicio y menos una diosa bajada del cielo iba a fijarse en un tipejo de mi clase.

¿Por qué eres tan amable conmigo? –de repente le pregunté.

Hace días que te observo –me respondió.

Por un instante me quedé mudo en esa absurda conversación. A pesar de no encajar como agente de la ley, en cuestión de segundos me pediría la documentación. ¡Seguro! A no ser que seas de la policía secreta y busques material, individuos con antecedentes pernales ó porretas, el tiempo no se perdía entablando amistad con individuos “non gratos” de la sociedad.

¿Y? ….

Nada. Simplemente creo que vales mucho más…

Me gustaba. Cierto. Me dejaba recrear en su figura, sus rojos labios, su cara pecosa. La mezcolanza entre la pelirroja cabellera cayendo por sus hombros, unos verdes ojos esmeralda y un pícara sonrisa cautivadora. Mi cuerpo ardía de pasión, pero aquel comentario fue un cubo de agua fría. ¿Qué cojones estaba haciendo? ¿Salvarme del fuego del infierno? Se estaba entrometiendo en mi forma de vivir y desde luego no tenía ningún derecho, a pesar de sentirme atraído a ella con verdadera desbordada pasión. La miré de arriba abajo.

¿Y a ti qué puñetas te importa? –le contesté completamente exaltado.

De nuevo el vacío reinó por unos segundos el escaso espacio comprendido entre nosotros dos.

Vale. Perdona.

Y sin mediar más palabra, se dio la vuelta y se marchó.

10:52 hrs. Cierro los ojos y pienso en el ayer. En mi caso lo tuve todo y ahora el presente es la insondable soledad del perdedor. En desespero contemplo las eternas noches que no alcanzan el amanecer, la primavera pasar de largo por mi ventada, el amor que un día Marian me regaló. Solo me queda arrepentirme de todo lo malo que he llegado a hacer. Arrepentirme de tantos errores.

Solo me queda llorar…

Durante tres semanas la esperé, a la misma hora, en el lugar de siempre, sin resultado alguno. Su ausencia me quemaba por dentro. Sus comentarios no dejaban de taladrarme el cerebro, su perfume a jazmín y dulce caramelo todavía dentro de mis fosas nasales me condenaba a no sentirlo de nuevo. Quizá tenía razón.

A todos los internos en el correccional de menores nos hablaban periódicamente de los centros sociales para personas necesitadas, donde puedes asearte y te ofrecen comida y ropa limpia. Busqué en el disco duro de la memoria, incluso estaba segundo de recordar la dirección. Sí, exacto. Avda. de las ranas, 5.Tal vez alguna cosa podían hacer conmigo.

Una hora más tarde me había duchado, afeitado mi áspera barba hasta dejar la piel tersa de un melocotón y pedí a un voluntario un buen corte de pelo.

¡JODER! Ni yo mismo me reconocí. El cambio fue total.

Si el destino cruzaba a esa chica de nuevo ante mis ojos, no volvería a contemplar a un andrajoso mendigo.

10:54 hrs. Aún sigo aquí. Sentado sobre la taza del váter. Me siento culpable. Muy culpable.

El ojo derecho morado que Marian ocultaba bajo enormes gafas de sol. Moratones por todo el cuerpo. Violentas y brutales palizas a veces por un ataque absurdo de celos, por quererla retener semanas sin salir de casa, ó chatear por el móvil.

Su amor por mi se convirtió en odio. El futuro escrito en denuncias, varias órdenes de alejamiento que me pasaba por el forro de los pantalones.

Su olvido en constantes acosos e intimidación. Colocarle un afilado cuchillo en la yugular y jurar que la mataría si se alejaba de mi vida.

Soy un cobarde. Un sucio y asqueroso cobarde. Un maltratador de mierda.

Seis semanas de visitar el centro y mantener mi aspecto pulcro y aseado, me ofrecieron trabajo allí mismo como ayudante de cocina. A cambio, un pequeño sueldo y una habitación con baño en la primera planta del edificio.

Sin embargo la imagen de aquella joven metida en las profundidades de mis neuronas me obsesionaba. No dejaba de sentir su frescura, su voz dentro de mi ser y seguí en mi empeño de buscarla en cada rincón de autobuses, taxis, restaurantes, cines, cualquier lugar donde escribir nuestro posible encuentro.

Dos meses fueron necesarios para ganar la batalla a la decepción y dibujar una invisible y corta línea entre ella y yo. Alguien tocó mi espalda, me habló y la reconocí de inmediato.

Hola.

Me di la vuelta sin creer mi suerte y allí estaba, tan risueña y hermosa criatura que tantas noches había soñado entre mis brazos.

Me llamo Marian.

Embriagado de amor, como un tonto no supe reaccionar, mientras ella no cesaba de hablar.

Has conseguido mejorar mucho tu aspecto. Hasta pareces otra persona.

Por fin un hilo de voz salió de mi garganta.

Al final tuve coraje gracias a ti.

No digas tonterías.

No son tonterías, es la verdad. Algo cambió en mi vida desde que te conocí….

Y en un súbito impulso me acerqué a ella y la besé.

10:56 hrs. BUF, fue maravilloso. Todavía siento aquel beso dibujado en las nubes, en el mar, en lo mejor que me ha pasado nunca. El primero de muchos hasta que desaparecieron para siempre. Y con ellos Marian…. ¿Qué será de nuestras promesas?…. ¿Qué será de mi vida? ……. ¿Qué será de mí sin ella… si aún la sigo amando?….

Sus padres estuvieron totalmente en desacuerdo con el primer hombre que su única hija había elegido para casarse. Sin embargo vivíamos, respirábamos, sentíamos la sangre fluir por las venas como manantial de agua fresca. A la luna suspirábamos nuestro amor, a las estrellas nuestras promesas.

Tres meses después de aquel beso coloqué una alianza en el dedo de Marian y le juré respeto, amor eterno y jamás le haría daño.

10:57 hrs.¡MENTÍ!.

Si pudiera dar mi vida por hacerle sonreír, ser feliz, borrar los ocho años de llegar enfurecido del trabajo y utilizarla como saco de boxeo. Contemplar sus tristes ojos llenos de ojeras y pedirle perdón.

Si pudiera consolar sus llantos cuando la insultaba verbalmente.

Si pudiera cambiar su rencor daría mi corazón. Multitud de veces de llegar a casa borracho como una cuba, tirarle la cena al suelo y violarla.

Hoy soy yo que lloro por su ausencia. La llamo y no me oye. La busco y no me encuentra. La amo y no me quiere….

Marian se alejó de su familia por defenderme hasta que terminaron la relación entre ellos y aquello llevó a sentirme más poderoso.

Las agresiones, que empezaron aisladas a las tres semanas de nuestra vida en común, se hicieron repetidas. Mi poder de manipulación era superior y ella para evitar mi fuerte carácter enervado, además de vivir atemorizada y muerta de miedo, aguantaba mis reproches de hacerlo todo mal, las atrocidades hacia su persona, el no poder ofrecerme un hijo.

La última conversación que tuve con Marian acabó de la misma forma. Una brutal paliza y mi satisfacción sexual.

Entérate bien ¡No vales para nada!

Apenas sin poderse poner en pie, me miraba asustada.

Eres una inútil y jamás debí casarme contigo.

No digas eso…. Por favor….

Impasible escuchaba sus suplicas.

¡Mírate bien! Tendré que buscarme a otra para que me de lo que quiero.

Jamás le fui infiel. El tema de ir con putas y pillar una enfermedad vírica no entraba dentro de mi cabeza.

Aunque mejor dicho ¿Para qué? Si tengo delante a una mujer. ¡PORQUE TU ERES MI MUJER!

Y entonces con ojos lascivos y mi miembro creciendo entre las piernas era mi prioridad.

Apártate de mi….Aléjate…. Déjame…

Cuanto más retrocedía Marian, más me excitaba.

¡Ven aquí! ¡Maldita sea! ¡VEN!

¡NO! ¡Basta ya!…. ¡NO!

La agarraba fuertemente por el pelo y con fuerza imponía mi boca sobre la suya.

¡Vas a estarte quieta de una vez! ¡JODER!

Lanzaba su delgado cuerpo a la cama sujetándole los brazos abiertos con todo el peso de mi cuerpo.

¡Quieta! ¡Quieta!

Todo su esfuerzo por huir era en vano.

¡Vas a hacer que me enfade de verdad!

Se resistía y entonces abofeteaba su rebeldía.

¡PUTA! ¡RAMERA! ¡Estate quieta!

Abría mis pantalones y daba rienda suelta al cabrón macho que llevaba dentro.

Al día siguiente me abandonó.

10:59 hrs.Por lo que he sabido se quedó embarazada. No sé si es verdad.

Fui a buscarla a casa de sus progenitores y me confirmaron no saber nada de su hija. Tampoco sé si es verdad.

Presenté una denuncia en comisaría por huída conyugal. La agente tomó nota de mi declaración, mis datos personales e informaron contactar conmigo si tenían alguna noticia de su localización.

No es verdad. Aunque hubieran tenido noticias no me habrían llamado. Tiempo después he sabido que precisamente alguien de la policía ayuda a mujeres que sufren maltrato, ofrecen una nueva identidad y hacen desaparecer registro alguno de esa persona.

Han pasado dos años de aquella noche y cuanto más pienso, más vergüenza siento de mi mismo.

11:00 hrs.Soy un cabrón de mierda. No merezco vivir.